E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. Es difícil leer la evaluación de la Guerra de Afganistán que hace el General Stanley McChrystal sin escuchar una de esas voces de película de terror que parecen salir de todas partes y de ninguna, una voz que insiste cada vez más y con voz cada vez más grave: “Fuera. Fuera. Fuera.”

Según el informe confidencial redactado a instancias del Presidente Obama – obtenido por Bob Woodward, del Washington Post – la situación en Afganistán “se está deteriorando”. La insurgencia de los Talibanes está “recuperándose y crecimiento”. Los afganos sufren una “crisis de confianza” tanto en su propio gobierno como en la fuerza de ocupación de la OTAN liderada por Estados Unidos. Los próximos 12 meses serán “decisivos” y “el error a la hora de recuperar la iniciativa y revertir la tendencia de los insurgentes… se arriesga a que derrotar a la insurgencia ya no sea posible”.

Obama dijo constantemente durante la campaña electoral que Afganistán, no Irak, era el lugar adecuado para que Estados Unidos combatiera a Al Qaeda y sus aliados. El complicado conflicto de Afganistán hoy se ha convertido en la guerra de Obama, y el presidente se enfrenta a su decisión más trascendental hasta el momento: si todavía cree que su guerra se puede “ganar” mediante medios militares o no.

“La misión es posible”, escribe McChrystal. La mayor parte de su informe, sin embargo, sugiere claramente que no lo es.

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Como si estuviera sobre aviso, el líder de los Talibanes, Mohammed Omar, difundía un comunicado de burla recordando a Obama que durante más de un milenio, aspirantes a conquistador han intentado someter la planicie montañosa conocida como “el cementerio de imperios” y han fracasado — Alejandro Magno en el siglo IV a. C., los británicos en el XIX, los soviéticos entre 1979 y 1989.

“Los invasores deberían estudiar la historia de Afganistán,” decía Omar en un mensaje que marca el final del ramadán, informaba el Financial Times. “Cuanto más recurre el enemigo a incrementar las tropas, más inequívoca será la derrota a la que se enfrente.”

Tan irritante como pueda ser aceptar lecciones de uno de los principales colaboradores de Osama bin Laden, esto sí parece ser lo que enseña la historia. Destacar efectivos sin medida en Afganistán siempre ha demostrado ser contraproducente. La presencia de un gran número de tropas extranjeras es lo único que une a los afganos de manera segura — aunque sólo durante el tiempo suficiente para expulsar a los extranjeros.

Sin embargo, un aumento adicional de fuerzas estadounidenses es precisamente lo que recomienda McChrystal – él lo llama “salto” de recursos, probablemente porque “incremento” es una palabra de la era Bush, pero el efecto sería el mismo. Negarse a enviar más tropas – proporcionar una “capacidad de puente” hasta que el ejército afgano pueda ser ampliado aún más, equipado y entrenado – “llevaría al fracaso”, escribe el General.

Ya hay alrededor de 62.000 efectivos estadounidenses en Afganistán, cifra que está previsto que aumente hasta los 68.000 — más del doble del compromiso estadounidense de hace un año. McChrystal no especifica cifras en su informe, pero su predecesor solicitaba 10.000 efectivos adicionales. A modo de comparación, la presencia militar de la Unión Soviética en Afganistán alcanzó en su apogeo poco más de 100.000 efectivos — una cifra que resultó ser lamentablemente pequeña para pacificar un país más grande que Francia con una población que se estima alrededor de los 30 millones de habitantes.

McChrystal, al menos, trata de exponer una clara misión en Afganistán: el fortalecimiento del Estado afgano, hasta el punto en que pueda “controlar lo bastante su territorio soberano como para sustentar la estabilidad regional y evitar su uso para el terrorismo internacional”.

Se propone una estrategia de contrainsurgencia que, efectivamente, podría causar graves daños a los talibanes. En el ínterin, sin embargo, parece poco probable que el plan de McChrystal aumente la confianza en el débil y corrupto gobierno afgano, especialmente después de que los últimos comicios electorales fueran testigo de denuncias veraces y generalizadas de fraude electoral. Y tan impopulares como puedan ser los talibanes, ¿alguien cree que los afganos van de verdad a ponerse de parte de extranjeros? ¿Pensamos que las víctimas civiles de los ataques aéreos – que vamos a tener que prolongar, teniendo en cuenta el tamaño del país y la orografía de su territorio — ayudan a ganar los corazones y las mentes de Afganistán? ¿Pueden ignorarse de manera tan gratuita las lecciones de 1.400 años de historia?

Lo que tiene que hacer Obama es reestructurar la misión. Nuestros objetivos deben ser darnos por contentos con que Afganistán no vuelva a ser un refugio terrorista, y salir tan pronto como sea posible. Necesitamos no sólo utilizar la fuerza, sino también la diplomacia – lo que significa, sí, hablar con los talibanes.

Algunos dirán que esto denota nuestra debilidad, pero la señal definitiva de debilidad es el fracaso. Si enviamos más tropas, me temo que es donde terminaremos.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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