E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. A pesar de la rivalidad tradicional entre Red Sox y Yankees, la plantilla del Boston Globe se sintió en su mayor parte aliviada en 1993 cuando el rotativo fue adquirido por The New York Times Co. por la sorprendente cifra de 1.100 millones de dólares. Si la era de la propiedad familiar local tenía que terminar, ampararse bajo el ala de uno de los periódicos más grandes del mundo parecía la mejor alternativa. Y si el Times estaba dispuesto a pagar esa cantidad, tenía que estar hablando en serio con lo de anteponer la calidad al objetivo último en los negocios.

Eso era entonces. Ahora, tras varias rondas de dolorosos recortes y expedientes de regulación en el Globe, el Times está exprimiendo otros 20 millones de dólares de los sindicatos de prensa de Boston — y amenazando con clausurar el periódico si la exigencia no es satisfecha. Las cifras de nuestra industria son crueles e implacables, pero sigue siendo alarmante ser testigo de lo que parece un acto de canibalismo.

Siendo justos, el Globe va camino al parecer de perder este año alrededor de 85 millones de dólares. The New York Times Co. no está en posición en absoluto de asumir unas pérdidas de esa magnitud, teniendo en cuenta que el buque insignia de la empresa está librando su propia lucha contra una marea creciente de deudas.

Los incondicionales del Globe podrían citar la larga lista de maniobras cuestionables — siendo diplomáticos — realizadas por la gerencia de Times Co.: gastar cientos de millones de dólares en operaciones de recompra de acciones de la compañía, acumular más de 1.000 millones de dólares en deudas, levantar un nuevo rascacielos “trofeo” como sede central justo al lado de Times Square, endeudarse por 250 millones de dólares del multimillonario mexicano Carlos Slim a lo que viene a ser un interés del 14%.

Particularmente irritante para aquellos que aman el Globe, que es el mayor periódico de Nueva Inglaterra, es que el New York Times haya conservado sus secciones informativas nacional e internacional intactas al tiempo que el Globe se ha llevado las acusadas reducciones de plantilla y de los demás recursos. Eileen McNamara, la columnista del Globe que distinguida con un Pulitzer abandonó el periódico y ahora imparte clases en la Universidad de Brandeis, escribió acerca del trato dispensado al Globe por el Times: ??Ejerció de chulo en busca de beneficios durante los rentables años 90 y después lo saqueó cuando las cosas se pusieron difíciles. Cerró sus corresponsalías en el extranjero y abarató su cobertura de todo, desde bellas artes a ciencias puras.?

Parece claro por mi parte que la gerencia del Times nunca llegó a entender al Globe ni a sus lectores, y también que la dirección prefiere uno de los periódicos de calidad mundial de la compañía antes que el otro. También está claro, sin embargo, que nadie a bordo del elegante nido de águilas nuevo que tiene el Times en Manhattan puede disfrutar amenazando con cerrar una de las voces periodísticas más importantes de la nación. El Globe se ha llevado 20 premios Pulitzer a lo largo de su historia — ocho de ellos desde que Times Co. adquiriera el periódico.

La dirección del Times puede haber sido torpe, inepta o injusta en su gestión del Globe, pero los “amos” del periódico de Nueva York no provocaron la crisis que está devastando a la industria periodística entera. En versión resumida: la tirada desciende lentamente; los ingresos por publicidad se han desplomado; internet no ha producido aún un modelo empresarial capaz de proporcionar sustento a las redacciones amplias.

Hemos atravesado otros periodos durante los que las grandes cabeceras sucumbieron a las nuevas realidades económicas. La mayor parte de las ciudades estadounidenses tuvieron en tiempos tres, cuatro o cinco rotativos compitiendo entre sí; hoy, la mayor parte cuenta con apenas uno. Pero esas primeras batallas de agotamiento fueron ejercicios de supervivencia de los más aptos. La diferencia estriba en que los periódicos ahora tienen problemas con independencia de lo aptos que sean.

Es casi imposible pensar en Boston sin el Globe. Con sus grandes universidades e instituciones culturales, la ciudad piensa en sí misma como una Atenas moderna, el Eje del universo. ¿Cómo podría existir Boston sin el erudito y patricio Globe, que con frecuencia parece mirar desde las alturas al resto del mundo? ¿O, a esos efectos, sin el Boston Herald, que canaliza la sensibilidad de los barrios menos glamorosos de la ciudad — y que también ha visto disminuir sus ingresos y encogerse sus recursos?

No creo que éste vaya a ser el canto del cisne de la prensa, ni siquiera para el tipo desfasado del papel. Sí creo que algún día, de alguna manera, la industria encontrará los recursos suficientes en la distribución electrónica para pagar el tipo de periodismo que necesita nuestra democracia. Si yo tuviera la solución definitiva, la gritaría desde el tejado — quizá después de patentarla.

Lo que sí sé es que una dirección inteligente y prudente puede ganar un tiempo precioso para encontrar el camino de salida del atolladero. Las amenazas de cierre no ayudan.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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