E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington . ¿En qué realidad habita usted, el mundo de Obama o el mundo de Cheney? Si se trata de este último, recuerde que siempre hay nubarrones. No olvide su paraguas.

En el mundo de Obama, siempre es mañana. El sol brilla, los pájaros cantan y el recuento de polen es bajo. En el mundo de Cheney siempre cae la tarde. En alguna parte de la lontananza, un lobo solitario aúlla a la luna que sale.

En el mundo de Obama, los seres humanos tienen defectos, pero esencialmente son decentes y racionales. La mayoría se comportará de una forma consistente con el interés ilustrado. En el mundo de Cheney, los defectos de la humanidad son indelebles e irredimibles. A falta de pruebas de lo contrario, se debe presumir que el mal ronda a la vuelta de cada esquina. Mejor hacerlo a los demás antes que tengan oportunidad de hacértelo a tí.

En el mundo de Obama, las elecciones son artefactos del razonamiento y por tanto son lo único igual de válido que la lógica que los sustenta. La seguridad y la libertad, por ejemplo, no deben ser entendidas como una propuesta de elección. La nación nunca llegó a una bifurcación en el camino con una ruta señalada como “torturas” y la otra señalizada como ??desastre.? En el mundo de Cheney, las opciones son binarias y absolutas. No hay margen de maniobra, ni caminos intermedios, ni tiempo para las dudas y no hay debate sobre cómo enmarcar nuestras opciones. Es mi elección o nada, ciudadano.

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En el mundo de Obama, los hechos objetivos importan. La ausencia de armas de destrucción masiva en Irak es significativa. La ausencia de cualquier vínculo entre Irak y los ataques terroristas del 11 de Septiembre es relevante. En el mundo de Cheney, los hechos se basan más en la convicción que en las pruebas. Si es posible imaginar “terroristas con armas nucleares,” como hizo Cheney en su discurso del otro día, entonces “existen” como concepto por lo menos — y esta existencia conceptual justifica la tortura, entre otros abusos.

En el mundo de Obama, ciertas “amenazas” pueden ser interpretadas como ninguna amenaza en absoluto. Puesto que nadie se ha fugado nunca de la cárcel federal de máxima seguridad de Colorado, y puesto que alberga ya a montones de terroristas, espías y demás malandrines, no existe motivo real para preocuparse por transferir algunos de los reclusos de Guantánamo, incluso lo peor del lote, allí. Pero en el mundo de Cheney, no existe ninguna amenaza, al margen de lo distante que esté, que no pueda ser descartada — en especial si hay trigo político que cosechar de la paja. Y de todos modos, asustar a la gente es divertido.

El mundo de Obama rebosa de información — cientos de canales cable, montones de páginas web, constantes notas de ??Tweeter.” En el mundo de Cheney, todo se reduce a Fox News y Rush Limbaugh, todo el tiempo todos los días. Es como el refrán “Me gustan las dos clases de música — el country y el western.?

En el mundo de Obama, los estadounidenses tienen sentido de comunidad y propósito compartido. Aquellos a los que la fortuna ha sonreído — por nacimiento, oportunidades educativas, relaciones profesionales o cualquier tipo de fortuna “en el lugar adecuado en el momento adecuado” — reconocen que tender la mano a aquellos que no tienen tales ventajas no es sólo moralmente adecuado, sino en última instancia beneficioso para todos. Creen que Henry Ford tenía razón al pagar a sus trabajadores la considerablemente elevada suma de cinco dólares al día — para que se pudieran permitir comprar los coches que fabricaban.

En el mundo de Cheney, compartir es de bobos. Tener grandes riquezas e influencia no tiene nada que ver con ser “afortunado,” signifique lo que signifique el término. Todo está en la preparación, los sacrificios y el trabajo duro. ¿La idea de que la suerte o las conexiones puedan tener algo que ver con, digamos, ser un presidente generosamente remunerado o un consejero delegado de una corporación gigantesca como Halliburton? Descabellada y antiamericana.

En el mundo de Obama, América ejerce su liderazgo no sólo a través de la fuerza sino a través del ejemplo. El excepcionalismo de nuestra nación descansa en los ideales de libertad, justicia y oportunidades para todos, en su decencia y generosidad, en su compromiso con el estado de derecho y su afán de mejora, en su disposición a examinar sus propios errores y trabajar para corregirlos. Estas cosas intangibles están respaldadas por el ejército más poderoso del mundo, pero lo que más importa son sus ideales. Cuando los perdemos de vista, caemos en una inevitable espiral descendente.

En el mundo de Cheney, los ideales están bien, pero la fuerza es lo que importa. Hacemos lo que queremos. Porque podemos. ¿Tiene algún problema con eso?

El mundo de Obama es un lugar emocionante para vivir — no es perfecto, cierto, pero está lleno de posibilidades y esperanza. Si Dick Cheney quiere quedarse en su búnker, es asunto suyo. Puede que los demás quieran salir a respirar aire fresco.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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