Richard Cohen

Columnista en la página editorial del Washington Post desde 1984.

 

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Richard Cohen – Washington. En mi círculo, se me conoce como el tipo que albergaba ciertas reservas hacia Barack Obama. Claro que le apoyé en las primarias frente a Hillary Clinton y yo le voté, con alegría y entusiasmo en la misma medida, sobre todo después de que John McCain pronunciara las palabras más impactantes de la política estadounidense ?? ??Sarah Palin?.

Pero tenía tantos reparos acerca de Obama que incluso desprecié su famoso discurso sobre la raza, que casi todo el mundo pensó era el mejor pronunciado en la materia nunca. Lo acabo de releer ?? y me censuré un poco (fui demasiado severo) pero en general me quedé triste. ¿Qué ha sido del caballero que pronunció ese discurso?
El discurso, pronunciado en Filadelfia en marzo de 2008, fue forzado por los desvaríos del Reverendo Jeremiah Wright, que había sido el pastor de Obama y su consejero espiritual. Wright, un caballero de cierta edad con las cicatrices emocionales propias de una vida en una sociedad duramente racista, había dado rienda suelta a su temperamento – y había sido grabado por sorpresa y saltado al mundo en YouTube. Un sermón que había tenido un contexto y un público agradecidos parecía pura demagogia y demencia senil en la pequeña pantalla.

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Obama tuvo que liberarse del lastre de Wright.
Lo hizo con elegancia y dignidad. Pero aparte de eso, releer el discurso es quedar impresionado una vez más por la fluidez de la mentalidad de Obama – su lógica, su razonamiento y su inmenso talento para escribir, que causaron sensación entre los sugestionables de mi gremio.

Pero releer el discurso es también encontrarse frente a frente con un Obama de claridad moral meridiana. Había presente un hombre que conocía el motivo para postularse a presidente y sabía, también con precisión, lo que encarnaba. Podía dirigirse a América como blanco y como negro en la misma medida — habiendo vivido dentro de ambos mundos. Podía explicar — y lo hizo — a América cómo es haber sido negro en la época de Wright y cómo es ser un negro de cierta edad incluso a estas alturas.
De alguna manera sin embargo, aquella claridad moral se ha esfumado. El Obama que encabezaba un movimiento de pureza política expresa es la misma persona que como presidente no encontró tiempo para reunirse con el Dalai Lama por temor a molestar a los muy sensibles chinos. Es el mismo caballero que hizo la reverencia ante el emperador de Japón cuando, que yo sepa, el presidente de los Estados Unidos no debe de hacer reverencias ante nadie. Es el mismo presidente que durante su visita a China hizo de maniquí del gobierno chino, compareciendo en conferencias de prensa y comparecencias públicas orquestadas — y siendo censurados parte de sus comentarios. Cuando le vi en esa foto solo en la Gran Muralla, parecía estar diciendo: ??¿Qué demonios estoy haciendo aquí?? Como tal, era una buena pregunta.
El Barack Obama del discurso de Filadelfia no dejaría que su fiscal general, Eric Holder, anunciase la nueva política para juzgar a Jalid Sheik Mohammed y a otros cuatro imputados por el 11 de Septiembre con un jurado popular, como si se tratara de una mera cuestión sectorial y no de un asunto político del mayor calado. Y el Barack Obama del discurso habría respetado los principios del Derecho en lugar de un sistema traído al pelo en el que algunos presuntos terroristas son juzgados en tribunales civiles y otros ante tribunales militares. Cuál es el principio de eso — ¿lo que vale, vale? Pruebe a añadirlo a la campana de la libertad.
Por supuesto que hay diferencias entre hacer campaña y gobernar. No hay ninguna realidad cuando se hace campaña. Si se quiere cerrar Guantánamo, di que tú lo cerrarás. Si como presidente quieres echarle el cierre, de la nada surge una crisis política que te cuesta tu asesor de la Casa Blanca, un caballero con experiencia y principios llamado Gregory Craig. Gobernar es duro.
Pero el ejercicio de la administración debe de ser sabedor de la claridad moral, de la impresión de que siempre conocemos la vida interior del presidente ?? sus pilares básicos. La carrera política de Obama ha sido demasiado breve para que conozcamos sus ideas básicas por los votos que depositó formando parte de cualquier entidad legislativa o cualquier decisión tomada como administrador. Tenía escasos antecedentes pero montones de retórica — moralmente emotiva y hermosamente redactada gran parte de ella.
Como presidente, no obstante, ha intentado ser el anti-George Bush con tanto ahínco que la arrogancia del moralismo del ex presidente — su insistencia en ver las cosas blancas con negras — se ha convertido en el gris de Obama. Los derechos humanos en general han sido tratados como si fueran una idea Republicana. Obama debería volver a leer su discurso de Filadelfia. Encontrará un buen hombre en él.

Richard Cohen
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