Es uno de los fenómenos más espectaculares del Cosmos, pero normalmente las auroras luminiscentes sólo se dan en los polos. Las boreales, del hemisferio norte son las más conocidas. Pero aunque no son frecuentes a bajas latitudes, se han dado algunos casos que están documentados. Y uno de ellos tuvo lugar el 25 de enero de 1938 en un España sumida en plena guerra civil. El astrónomo Rafael Bachiller cuenta en El Mundo los detalles de un fenónemo que provocó desconcierto, bulos y mitos y del que ahora se cumplen 75 años. (Foto: Flickr/Robertsnache)

Normalmente apenas se pueden ver unas pocas auroras por siglo desde España. Pero el 25 de enero de 1938, tuvo lugar una que fue visible desde toda la península, incluso desde Andalucía. La luz fue predominantemente rojiza, ocasionada por el helio y el oxígeno atmosféricos a baja altitud y presentó su máximo entre las 20 horas y las 3 h de la madrugada del día 26.

Paco Bellido en su blog ‘El beso de la Luna’ recoge el relato de José Luis Alcofar en su libro ‘La aviación legionaria en la Guerra Española’ que aseguró:

El día 25 el bombardeo fue de nuevo muy intenso. La moral se vio afectada aquel día por una extraña luminosidad que apareció por El Tibidabo sobre la que se hicieron las más extrañas conjeturas y que resultó ser una aurora boreal, un fenómeno muy raro en aquellas latitudes. Un extraño misticismo se apoderó de la ciudad, hablando de milagros y culminando al día siguiente, cuando comenzó a correr el bulo de que se había llegado a un acuerdo con el Generalísimo para que no se repitieran los bombardeos de Barcelona. El optimismo desapareció el día 30 cuando la ciudad fue bombardeada tres veces”.

Juan José Amores Liza recopiló varios testimonios más recogidos en Alicante y Extremadura:

En el atardecer del día 25, vio un enorme destello rojizo en el Norte, tan fuerte que iluminó el cielo como si de un gigantesco incendio se tratara. Algunos soldados creyeron que las grandes ciudades (Zaragoza o Barcelona) ardían pasto de los enfrentamientos bélicos y las bombas; otros pensaron que se trataba de un designio divino que profetizaba el fin de la contienda; sólo unos pocos, los más instruidos, fueron capaces de decirle que, realmente, estaba asistiendo a un espectáculo único en nuestras latitudes: una Aurora Boreal” realtó el escritor y astrónomo Miguel Ángel Pérez Oca sobre el espectáculo que vio su padre en 1938..

En la prensa, el ABC del día 26 informó que en Madrid se pensó que se trataba de un incendio lejano en los montes del Pardo. Pero pronto se dedujo, por la altura y gran extensión de la luz, que se trataba de un fenómeno meteorológico. Y el diario “Liberación” habló de “un raro fenómeno atmosférico se observó en Alicante, causando natural sorpresa. Se notó un gran resplandor rojo que, por momentos, iba en aumento, decreciendo más tarde” La aurora también es recogida en el libro “La Guerra Civil a Arenys de Mar” de Jacint Arxer.

Una aurora roja en Australia
(Foto: Flickr/Imageeditor)

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