Una amiga periodista, de esas a las que se puede y debe admirar, me recomendó a principios de verano uno de los libros del israelí Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2007. 

Dice mi amiga que Oz es más mago que escritor, así que sigo su consejo y me pongo con ??Contra el fanatismo? (editorial Siruela). Son sólo 100 páginas de un pequeño libro en el que Oz  (criado en una de las regiones más dolorosas del planeta, Jerusalem) explica las razones del odio y defiende con admirable valentía, la existencia de dos estados puerta con puerta: Israel y Palestina.

Oz cree que ??el fanatismo es más viejo que el cristianismo, el judaísmo y el Islam y más viejo que cualquier estado, gobierno o sistema político. Es un componente siempre presente en la naturaleza humana”. 

“La gente que vuela clínicas donde se practican abortos en Estados Unidos, los que queman sinagogas y mezquitas en Alemania, sólo se diferencian de Bin Laden en la magnitud pero no en la naturaleza de sus crímenes?. Es algo que repite una y otra vez en su libro, con la experiencia de los años vividos en ese lugar: el fanático es aquel que quiere obligar a los demás a cambiar, por su bien. Es, dice irónicamente, una criatura de lo más generosa. Y añade: nunca encontrarás a un fanático con sentido del humor. Amos Oz apuesta por el acuerdo y el entendimiento porque ??no es una historia de buenos y malos, es una tragedia: un choque entre derecho y derecho”. Es de los que cree que en el dolor no hay atajos, propone, al menos, INTENTARLO.

(dice mi amiga que este libro debería ser lectura obligada en los colegios)

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