Como nueva alegoría de la crísis, la empresa que hacía el Hummer, ese inmenso camión propio de desaprensivos que consume 20 litros y contamina como una chimenea de carbón, ha quebrado. Parece increible y, si no fuese por lo tragico para las más de 20.000 personas que perderán de forma directa sus puestos de trabajo, hasta secrétamente reconfortante.

Todavía habrá quién empeñado en escamotear su responsabilidad, insistirá en que la solidaridad es un valor de mariquitas y pusilánimes. Todavía habrá quién les crea… y si no, veamos qué pasa el domingo con las elecciones europeas.

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  1. 07:00 am. Suena el despertador. Media vuelta. Hoy es domingo y no hay ni cole ni trabajo. El día está ligeramente nublado. El sábado ha sido muy tranquilo pero aún así me dormí muy tarde viendo la televisión, con lo que lo más sensato es intentar dormir al menos hasta las diez.

    07:12 am. Leches, si es 7 de junio y hoy son las elecciones al Parlamento Europeo. Me tengo que presentar a las 08:00 am en mi colegio electoral ya que soy segundo suplente del presidente. Me levanto de un salto y me enfrento al espejo del baño. No tengo mala cara y no me hace falta afeitar. Preparo el desayuno, de domingo, y tranquilamente mientras escucho en la radio que la alta abstención marcará las elecciones de hoy, me tomo un poco de fruta, bollería industrial y un tazón de café.

    07:35 am. Plancho la camiseta de los domingos, la de Estopa, y de nuevo al espejo. Me ducho o me visto. El tiempo apremia y bajo la confianza de que antes de media hora estaré de nuevo en pijama, me lavo la cara, los dientes y me visto. El tiempo se echa encima y no es plan de ir corriendo, que es domingo.

    07:45 am. La puerta de algún vecino se cierra y se pone en marcha el ascensor. Deduzco que a este vecino le ha tocado madrugar en domingo por el mismo motivo. Me visto, cojo el sobre marrón que me han mandado de la junta electoral y reviso los papeles. Llamo al ascensor.

    07:51 am. Salgo a la calle con el sobre marrón bajo el brazo. Veo que no soy el único, hay un par de sobres marrones más en mi calle y veo que algún otro se acerca por la plaza, uno de ellos es Txema. Mi sobre marrón le pregunta al suyo “que, ¿de que te ha tocado” y su sobre marrón le responde al mío “de vocal y ¿a ti?” “yo, bueno, espero estar de nuevo en la cama en media hora. De segundo sustituto del presidente” responde el mío. Ambos salimos a la calle principal y vemos que una marea de sobres marrones avanzan cabizbajos, como zombis, en la misma dirección que nosotros. Todos los humanos, no uniformados, que deambulamos por las calles a esas horas, portamos sobres marrones o carpetas y nos dirigimos a los distintos colegios electorales.

    07:57 am. Ya llego a mi colegio, antiguo Pedro Aristegui en Romo Getxo, donde estudié hace cuarenta años, y el espectáculo es dantesco. Suenan las sirenas de las alarmas, la ertzaina (policía vasca) se muestra nerviosa de un lado para otro. Buscan a alguien. Las verjas permanecen aun cerradas y los zombis con sus carpetas marrones bajo el brazo se arremolinan y parecen querer derribarlas. Un ertzaina aparece con el hombre más buscado por la policía y éste, por fin, descerraja la cerradura de la verja que casi derriban los zombis, y como en la apertura de las puertas de unos grandes almacenes el primer día de rebajas, todas las carpetas marrones, casi a empujones, acceden al patio del colegio.

    08:05 am. Distrito 003, sección 008 mesa B. La puerta está abierta, las papeletas en su sitio y la urna preparada. Una chica de ayer, de unos treintaymuchos, parapetada por la urna y en pié, revisa toda la documentación. Mi sobre marrón le pregunta “buenos días, ¿eres de la Junta Electoral de Bizkaia (Vizcaya)?” y ella, muy simpática y con cara de dormida me responde “no, soy la presidenta de esta mesa”. Ella no necesita respuestas al ver mi cara de alegría. Todo lo que le digo es “pues creo que con tu permiso me puedo dar media vuelta ya que soy el suplente de tu suplente”. Vacilamos un rato los presentes con la suerte que he tenido. Intento, sin éxito, votar para no tener que regresar después. Me despido de todos y en especial de Txema, que se tiene que quedar, me deshago de mi sobre marrón y me dirijo a mi casa. Ahora lo que veo por la calle es gente normal, y en lugar de sobres marrones bajo el brazo, lo que portan es la prensa o el pan.

    08:35 am. Llego a casa y me cambio de ropa. Con el pijama ya puesto decido sentarme frente al ordenador y escribir esta entrada.

    Que tengas un buen día y que la resaca post electoral no te afecte. Seguro que esta noche, en las noticias, todos los partidos se sentirán unos afortunados vencedores. Pero… los que salimos ganando somos nosotros, los ciudadanos. Una vez más hemos contado con la libertad de poder votar, y además, en esta ocasión, lo hemos podido hacer todos.

    ¡¡¡Viva la Democracia!!!