Ellen Goodman

Premio Pulitzer al comentario periodístico.

 

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Ellen Goodman – Boston. Hay algo de apropiado en escribir mi última columna el primer día de un nuevo año. Enero, después de todo, lleva el nombre del dios romano de los comienzos y los finales. Miraba hacia atrás y adelante al mismo tiempo. Así, esta mañana, yo tambiénMe gustaría poder encontrar el lenguaje adecuado para describir este rito funerario. Jubilación, esa sensacional palabra, simplemente no basta. La traducción al español, JUBILACI?N, está un poco por encima de mi propia mezcla de sensaciones.

La frase que sigue viniendo a mi cabeza al considerar este paso es: “Debo dejarme llevar. Sí, puedo imaginar la respuesta si un Twiteo llegara a mi monitor anunciando, “Ellen Goodman se ha dejado llevar”. Puedo ver la imagen: gorda, dejada, descuidada, las peores cosas que se pueden susurrar de una mujer de cierta edad.

Pero me encanta la idea de recuperar esa frase. Después de todo, ¿adónde vas cuando te dejas llevar? Dejar que esta cuestión llene el hueco entre plazo y plazo de entrega en mi vida ha sido muy liberador. Sugiere la libertad que puede alimentar este viaje.

Mirando hacia atrás y hacia adelante. Yo pertenezco a una generación que ha transformado nuestra cultura. Hemos sido los agentes de cambio de los derechos civiles, los derechos de la mujer, los derechos de los homosexuales. Ahora, nos encontramos a la vanguardia de un nuevo cambio social enorme. Esta vez, es la revolución de la longevidad. La nuestra es la primera generación que colectivamente cruza la línea de la madurez con las tablas actuariales de nuestro lado.

“Ciudadano maduro” es ahora una única etiqueta demográfica que incluye a aquellos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial y los que nacieron en la Segunda Guerra Mundial. No tenemos todavía una etiqueta para describir los principios del envejecimiento activo. Pero muchos de nosotros estamos haciendo una pausa para volver a calcular los efectos de una vida más larga. Nos estamos reinventando a nosotros mismos y las expectativas de la sociedad, como lo hemos hecho durante nuestras vidas.

Mirando hacia atrás y hacia adelante. Comencé a escribir mi columna cuando mi hija tenía 7 años y me marcho mientras mi nieto cumple 7 años. Comencé a escribir sobre Gerald Ford y termino escribiendo de Barack Obama. Empecé en una máquina de escribir, pasando las columnas a un fax Xerox. Ahora tengo un MacBook en mi escritorio y un iPhone en el bolsillo.

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Yo celebré mi matrimonio en estas páginas, mandé a mi hija a la universidad, di la bienvenida a mis nietos y dije adiós a mi madre. Confirmé las tradiciones de Acción de Gracias en este espacio y las celebré con una familia que ha evolucionado mucho más allá de la idea de tradición de mis abuelos. Escribí sobre valores y critiqué a los que creen poseer la patente de esta palabra.

Ha sido un gran regalo ganarme la vida tratando de dar sentido al mundo a mi alrededor. Es tan obligación como ocupación.

Ahora, cuando la gente pregunta qué voy a hacer ahora, siento la tentación de adjudicarme la respuesta de Susan Stamberg cuando con una palabra dejaba su puesto de presentadora en la NPR: “Menos”. Me tienta decir, simplemente, “Ya veremos”. Tras 46 años de plazos, es tiempo de coger un poco de oxígeno para respirar y pensar.

A riesgo de sonar como un político un paso por delante del alguacil, quiero pasar más tiempo con mi familia y cumplir la fantasía de un verano en mi porche en Maine. Pero, por supuesto, los escritores escriben – hasta más de 750 palabras de un trago – y las ex columnistas pueden involucrarse en causas que requieren algo más que un teclado.

Mirando hacia adelante y hacia atrás, nunca es fácil saber el momento adecuado para dar el paso a la siguiente etapa. En un almuerzo de despedida – que he descrito como “el hojaldre” – mi editor y amigo leyó unas palabras vagamente familiares de un columnista 30 años más joven.

“Hay un truco para una salida digna. Comienza con la visión para reconocer cuándo un trabajo, una etapa de la vida, una relación ha terminado – y hay que dejar marchar. Significa dejar lo que termina sin negar su validez o su importancia en nuestra vida anterior.

“Se trata de un sentido de futuro, una creencia en que cada línea de salida es una entrada, que estamos avanzando en vez de salir”.

Fue una experiencia extraña escuchar, y no digamos atender, a mi yo más joven.

“El truco de retirarse a tiempo puede ser el truco de vivir bien”, escribí entonces. “Es difícil reconocer que la vida no es una acción de contención, sino un proceso. Es difícil aprender que no podemos dejar las mejores partes de nosotros mismos atrás, de nuevo en el banquillo o en la oficina. Somos dueños de lo que aprendimos allí. Las experiencias y el crecimiento son injertadas en nuestras vidas. Y al pasar página, podemos abrirnos la puerta — con gracia”.

Ella sabía entonces lo que sé ahora mucho más íntimamente. Así que, con su bendición, me dejo llevar. Y a por ello.

Ellen Goodman
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