Veían improbable que el Rey Juan Carlos pudiera liderar la transición a la democracia, Adolfo Suárez no estaba en su lista de posibles presidentes y creían que ETA habría desparecido a mediados de los 80 y que Gibraltar terminaría siendo español… Estas son algunas de las cosas que la CIA pensaba sobre España a finales de los años 70 y principios de los 80. EEUU acaba de colgar en la red 12 millones de paginas de documentos secretos desclasificados que permiten comprobar la visión que tenía la agencia estadounidense sobre España. Hay varios pronósticos fallidos, pero también destacan su valoración de líderes como González, Fraga o Carrillo.

En realidad los documentos ya eran públicos desde hace años, porque una ley aprobada por Bill Clinton en 1995 obligaba desclasificar los archivos con al menos 25 años de antigüedad y valor histórico. Pero hasta ahora sólo eran accesibles desde los ordenadores de los Archivos Nacionales de College Park, en Washington. Ahora han sido colgados en la web de la CIA bajo el nombre de CREST y están accesibles para cualquiera. Así se puede comprobar cual era la visión que tenían los servicios secretos estadounidenses de España y cuáles eran sus mayores inquietudes.

La sucesión de Franco es seguramente uno de los asuntos que más interés suscitaba para la CIA, entre otras cosas por la importancia estratégica que concedían a España. En 1963, la agencia barajaba varias hipótesis para el futuro del país, desde un régimen autoritario similar al de Franco pero con mayor liberalización económica hasta una dictadura de izquierdas, aunque finalmente la democracia parlamentaria fue ganando puntos. Aunque de los documentos, se desprende que inicialmente no hubo grandes esperanzas en torno al Rey Juan Carlos, ya que sus informes destacaban su “correcta deferencia” hacia el franquismo, las dudas de que tuviera “ningún poder real“. Incluso se aseguraba que era poco probable que pudiera liderar la Transición. Eso si, la CIA hizo constar que había, tras la muerte de Franco, una “amplia disposición a apoyarle por falta de una alternativa mejor”.

En 1983, sin embargo la agencia de inteligencia estadounidense consideraba al Rey Juan Carlos “un factor clave de estabilidad de las instituciones políticas democráticas en España”, destacando su papel de “hombre de cambio” durante la Transición y su actuación como pararrayos del descontento militar.

Tampoco Adolfo Suárez era una de las apuestas de la CIA. De hecho, su elección como presidente del Gobierno fue una sorpresa para la inteligencia de EEUU, que ni siquiera le había incluido en su lista de 11 posibles candidatos. En noviembre de 1975, hicieron una especie de “quiniela” con las opciones para encabezar un gobierno tras la muerte de Franco. En ella se menciona Torcuato Fernández Miranda, Manuel Fraga, el General Gutiérrez Mellado o José María de Areilza… pero no a Suárez.

Los informes de la CIA revelan en cambio la confianza que inspiraba Felipe González en 1982: “Creemos que la disciplina del PSOE, la moderación ideológica y su pragmatismo le dan al partido la posibilidad de mantenerse los próximos cuatro años”. En cambio de Manuel Fraga se señalaba que su mayor lastre es “su estilo autoritario que refuerza la sospecha de que su lealtad a la democracia es una apariencia”. También hay documentos sobre Santiago Carrillo, en concreto uno del 15 de julio de 1975 en el que se señalaba que el líder del PCE parecía “suavizar” algunas de sus posiciones al mostrarse de acuerdo en que EEUU mantuviera sus bases en España “mientras los rusos mantengan tropas en Checoslovaquia” y evidenciar su disponibilidad a favorecer la democracia.

En los cables y documentos que los agentes de la CIA hicieron llegar a EEUU también destacan algunos pronósticos no excesivamente acertados. Por ejemplo sobre ETA o sobre Gibraltar. En  noviembre de 1983, resaltaban los progresos del gobierno español a la hora de combatir a la banda terrorista y veían cerca su final: “puede tener pronto éxito en romper la estructura de ETA, ya que la banda está plagada por un liderazgo inefectivo, fondos inadecuados, la baja moral de sus tropas y la escasez de nuevos reclutamientos”.

Y en ese mismo año 83, un informe sobre la disputa entre España y Reino Unido por Gibraltar pronosticaba que el Peñón terminaría siendo una región semiautónoma española. “Una posible solución provisional podría ser un acuerdo para la administración conjunta hispanobritánica, así como la doble ciudadanía para los residentes en Gibraltar. A largo plazo, el resultado más probable es que Gibraltar se convierta en una región semi autónoma de España, pero el proceso puede tardar varias generaciones”, señala el texto que puede verse aqui en pdf.