El Excelsior publica un artículo de opinión de Jorge Fernández Menéndez valorando como se ha logrado en España el fin de ETA y destacandolo como lección para México envuelto en una lucha contra el narcotráfico. Alaban la unidad política española frente al terrorismo y que se ha acabao con la violencia ” sin someterse, sin aceptar chantajes, sin abandonar sus principios”.

Los rpesidente de Mexico y España
(Foto: Flickr/Gobierno Federal)

Excelsior asegura: “La larga lucha de la democracia española contra la ETA ha permitido también comprobar que un Estado, sin someterse, sin aceptar chantajes, sin abandonar sus principios, a pesar de todo tipo de provocaciones, puede y debe acabar con los fenómenos de violencia de todo tipo. Nadie puede saber con exactitud qué sucederá finalmente con la ETA, aunque en su caso resulta evidente que su estructura ya no daba para más, sobre todo desde que Francia y España se pusieron en una misma sintonía de combate común contra esa organización y cuando, luego de los atentados a la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, hace ya varios años, se rompieron con ella todos los lazos políticos.”

“Todas las fuerzas políticas, sin excepción, tuvieron claridad para no confundir al enemigo común y no jugar políticamente ante lo que era el mayor potencial de violencia y desestabilización para el país. Claro que hay enormes diferencias entre el PP y el PSOE, mucho más entre los distintos partidos nacionalistas e incluso entre los gobiernos comunitarios y el central en España. Pero nadie tuvo dudas, sobre todo en los últimos años después del atentado de la T4, de que el enemigo era ETA y que no había más rumbo de negociación que acabar con ella exigiéndole un abandono sin condiciones de las armas.” dice el texto.

Y defiende: “es una lección que debemos aprender. Hay desafíos que trascienden los partidos, las ideologías. Ante una lógica de violencia irracional en un Estado democrático, la ETA se convirtió en el sinónimo del terror y de la desestabilización. Hace ya mucho tiempo que nadie hablaba de pactos, de ceses de fuego, de no asumir responsabilidades institucionales o de acusar a los cuerpos de seguridad especializados en esa lucha de represores. Nadie pidió la salida de las fuerzas de seguridad en el País Vasco ni nadie dijo que eso implicaba la militarización de la democracia.”

“Si eso se pudo lograr ante una organización que enarbolaba como bandera el sentimiento legítimo de autonomía, e incluso de independencia, de una buena parte de la población vasca, ¿por qué resulta tan difícil de entender y procesar para nuestra clase política ante grupos criminales que han asesinado a miles de mexicanos sin más motivación que el dinero ilícito?” se pregunta Excelsior

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