Fatou Janha Mboob

Empezó ayudando a 40 mujeres. Hoy más de 500 han cambiado su vida gracias a esta emprendedora social de Gambia. Fatou Janha Mboob creó en 2007 la Asociación TRY para ayudar a las recolectoras de ostras, el colectivo más desfavorecido de su país. Y no se limitó a darles apoyo económico: las enseñó a organizarse para transformar ellas mismas su realidad.

Radiocable.com ha contactado con ella en Gambia. Fatou Janha explica que estas mujeres son ahora microemprendedoras que manejan las ostras de forma más segura y eficiente, aprenden a leer y escribir, saben abrirse una cuenta bancaria y tienen una red de actividades alternativas para subsistir fuera de temporada. Y para ello ha contado con ayuda de la Fundación Banesto.

Fatou Janha Mboob

En Gambia, hasta no hace mucho tiempo, las mujeres más pobres, aquellas que no tenían otro medio para ganarse la vida, se dedicaban a recolectar ostras salvajes en las raíces de los manglares del río. Esas Ostras se vendían después en la carretera. Lo hacían en condiciones insalubres y peligrosas, “quemándose al cocinarlas o siendo atropelladas al venderlas” -explica.

Fatou Janha Mboob, casada con un funcionario de la ONU, regresó a su tierra con 53 años. Tras visitar a un grupos de mariscadoras del río Gambia en 2007 puso todo su empeño en ayudarlas. Creó  la Asociación Try Women Oyster Harvesters desde donde, de forma altruista, ha organizado y dignificado a este colectivo.

“Cuando volví y fui a comprar ostras, me di cuenta que las condiciones de estas mujeres no habían cambiado en 40 años”.

Empezó organizando un festival para recaudar fondos con los que compró canoas y utensilios; ayudó proporcionando instrucciones de seguridad e higiene, y luego poco a poco les fue inculcando la necesidad de formarse y afrontar su actividad “con una filosofía emprendedora” para mejorar sus condiciones.

Inicialmente se apuntaron a su asociación 40 cosechadoras de ostras: “hoy somos más de 500 de hasta 50 comunidades diferentes”. Su situación ha mejorado en todos los ámbitos posibles: aprenden a leer y escribir, meten sus ahorros en un banco, cuentan con embarcaciones propias e instalaciones donde preparar y guardar las ostras, escolarizan a sus hijos, se forman para conservar el ecosistema, son consideradas trabajadoras a nivel oficial…

Cosechadoras en una canoa

Su lucha por ayudar a estas mujeres ha recibido también un empujón español. La Fundación Banesto incluyó su proyecto en su guia de Turismo Solidario, para dar a conocer las ostras gambianas y le ha concedido diversas ayudas. Con ellas, Fatou Janha pudo adquirir un congelador para conservar las ostras y, gracias a una beca de la entidad, graduarse en el Programa Internacional de Emprendeduría Social, de la Escuela de Negocios INSEAD, en París.

Fatou Janha con su diploma

La Fundación Banesto también la ayudó a lanzar su programa piloto de microfinanzas para que las mariscadoras aprendieran a desarrollar actividades que generaran ingresos en la temporada baja de cosecha de ostras. El programa incluye formación en gestión empresarial y talleres de capacitación en costura, elaboración de jabones, producción de lima y otras actividades alternativas.

Hoy Fatou Janha sigue con su “cruzada” en favor de las cosechadora de ostras : “aún no hemos hecho todo lo que queríamos”-asegura. Afirma que su meta es que estas mujeres puedan tener su propia casa, pagar la educación de sus hijos y desenvolverse con dignidad.