Lo sucedido en el Tribunal Supremo -tras fallar la semana pasada que los bancos y no los clientes debían hacerse cargo del impuesto de las hipotecas, el anuncio posterior de un pleno de la Sala III para “revisar” la sentencia por el “gran impacto económico” y finalmente la decisión de aplazar hasta el 5 de noviembre el pleno decisivo para  fijar el criterio- es analizado y comentado en la red por periodistas, juristas y políticos. La crítica es unánime y se usan calificativos como “destrozo”, “bandazo” o “bochorno”. Y sobre todo se enfatiza que lo sucedido supone un grave daño a la credibilidad, la imagen y el prestigio del Tribunal, que dificilmente va a a poder subsanarse, además de erosionar tambien la independencia judicial y la democracia.

Print Friendly, PDF & Email