La central nuclear de Santa María de Garoña sigue en el ojo del huracán y es motivo de encendido debate entre los partidarios de su cierre y sus defensores. Radiocable.com ha recopilado algunos de los datos básicos sobre la central para intentar dimensionar su auténtico impacto.

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[Reportaje de TVE sobre Garoña]

La central de Santa María de Garoña es propiedad de Nuclenor, un consorcio participado al 50% por Endesa e Iberdrola. Según Greenpeace genera aproximadamente unos 250 millones de euros de ingresos para sus propietarios.

Fue la segunda central que se construyó en España y entró en funcionamiento en marzo de 1971, por lo que Garoña ya tiene más de 38 años de vida útil. En el mundo sólo hay 14 centrales nucleares más antiguas que ésta. En EEUU la de mayor edad es la de Oyster Creek que empezó a operar en 1969 y que tiene, en principio, permiso concedido para seguir hasta 2029.

Es la que tiene menos potencia de las instaladas en España -460MW- y en 2007 generó un 1,3% de la electricidad consumida en España. En comparación, otras centrales nucleares como la de Almaraz provee el 6,8%.

El reactor de la central es del tipo BWR-3 (Boiling Water Reactor -reactor de agua en ebullición-) utiliza uranio enriquecido para la generación de calor y fue diseñado y suministrado por la empresa estadounidense General Electric.

El número de trabajadores de Garoña es uno de los aspectos más polémicos y sobre el que menos claridad hay. Los ecologistas aseguran que son 323 puestos de trabajo permanente (Ascó con dos reactores tiene 370). Otros medios han hablado de 600 empleos directos e indirectos y tras las noticias de su cierre hay quien asegura que 1.100 puestos dependen de la central.

Un estudio de la revista “Nucleonics Week” situó a Garoña en el puesto 31 de las centrales más eficientes del mundo en 2008. En total, hay 436 centrales nucleares en todo el planeta, 196 de ellas en Europa -incluyendo las rusas-.

En cambio los ecologistas la conocen como la central de las “mil y una grietas” y denuncian los graves problemas de agrietamiento por corrosión que afectan a diversos componentes de la vasija del reactor y del resto del circuito primario. No olvidan tampoco los numerosos accidentes que ha sufrido Garoña en los últimos tiempos.

En cuanto al CO2, al igual que toda central nuclear operativa, Garoña no emite directamente gases de efecto invernadero a la atmósfera. Pero toda la actividad que implica la extracción del uranio que sirve como combustible es una de las actividades que proporcionalmente más CO2 arroja. Y a esto hay que sumar el emitido durante el proceso de enriquecimiento del uranio y la construcción de la planta.

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