Creo que tengo en casa un poltergeist. No se si es una respuesta celeste ante mi tradicional rebeldía contra estas fechas o si simplemente se trata de una patadita involuntaria a la impresora, que por cierto no tiene tinta y que además duerme en el suelo sobre un tomo del Espasa…, no sé. La cuestión es que por tres veces se ha puesto en marcha sin mi orden ni mi mando, la primera de ellas a una hora en la que todavía el frío y oscuro amanecer no indicaba si llovía o nevaba (se ve que los misterios también madrugan…) Desde ese momento, hasta ocho inmaculados folios  han ido manifestándose con una solitaria cometa rosa de cordel azul dibujada en medio del plano blanco. Nada más…, solo una cometa.

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Desde que cumplí quince años odié la Navidad. Con toda mi alma la odié y la odio, porque en aquel momento se acabó la primera de las esperanzas piadosas con las que la vida me mentiría a partir de entonces, cuando mi hermano  se alejó silbando hacia cumbres de algodón dejándonos con las almas de par en par hechas jirones. Comprendí que una vez al año  el calendario nos obligaría a disimular y a disfrazar la angustia, con cava y plumas de pavo. Pero no voy a ser yo la que se enfrente al cosmos. Por lo cual, tanto si se trata de un fenómeno paranormal o de un fallo técnico ( por si acaso he apagado la impresora ), os regalo la cometa para que colguéis de ella los retazos que queden de vuestros sueños infantiles, y la echéis a volar. Quien sabe si alguna térmica benévola os la devuelva con ellos cumplidos. Ese es mi deseo para estos días, protegido mi corazón con la coraza rosada de un langostino.El mejor aguante para todos, en eso que llaman la ” feliz Navidad”. Pero sobre todo, un maravilloso 7 de Enero ( ¿ San Fermín…? )

Pd. Que nadie tema al virus feroz: la cometa de mi regalo  ha nacido de una fotografía.

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