Las fiestas de Buñol son ya conocidas en el mundo entero y su última batalla a tomatazos ha copado titulares y fotos en la prensa de todo el globo. Wall Street Journal, Tha Telegraph, India Today o Radio Canadá son solo algunos de los que la mencionan. Y muchos enfatizan que este éxito tiene un fuerte impacto económico para el pueblo que es “envidiado” por otras localidades españolas, que están tratando de “copiarlo”. Así por ejemplo, la prensa internacional resalta como Haro o Mataelpino intentan dar a conocer otras insólitas fiestas patronales y algunas ciudades organizan sus propias versiones de La Tomatina.

Foreig Policy señala que la Tomatina provoca una moda de “batallas de comida”. El artículo de Kathiva Surana ironiza con que las batallas de comida en el colegio eran motivo de castigo, pero en un pequeño pueblo de España son motivo de fiesta. Pero enfatiza que pesar de las acusaciones de desperdicio que siempre han acompañado a la Tomatina, su capacidad para atraer turistas y rentabilizar económicamente el evento, que otras ciudades han empezado a intentar emularla. Apunta a que en Haro, en el norte de España, se está promocionando la batalla del vino y también señala que ciudades de Chile, Colombia, Corea del Sur o la India están organizando sus propias versiones de la Tomatina. Recuerda que desde 2002, Buñol registró la fiesta como marca y quienes quieren usarla para anuncios o películas deben pagar unas tarifas que pueden dejar hasta 335.000 euros por rodaje para el pueblo.

Liberation pone el foco en cómo la tradicional Tomatina ha pasado a ser un negocio y otras ciudades promocionan sus propias versiones. La crónica de Estelle Pattée explica que las batallas a tomatazos de Buñol se remontan a 1945, pero desde que en 2002 fue nombrada “fiesta de interés turístico” el éxito ha dado paso a todo un esfuerzo de marketing. Apunta que desde 2012, las plazas de la Tomatina son limitadas a 9.000 con un coste variable entre 99 y 189 euros. Pero resalta que inspirándose en el éxito de la Tomatina, otras ciudades españolas promocionan sus fiestas, como la batalla del vino de Haro, en la que 7.500 personas se rocían con 75.000 litros de vino o Mataelpino que organiza el “boloencierro”, un sucedáneo de encierro taurino pero en el que se corre delante de una enorme bola de 150 kg.

Le Parisien apunta que la Tomatina es una fiesta envidiada por todos que otros intentan copiar. Explica que la batalla a tomatazos de Buñol es ya un éxito internacional que deja importantes ingresos económicos en el pueblo que lo organiza. Y en este sentido apunta que otras ciudades que organizan fiestas patronales insólitas intentan copiar el patrón.

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