La población nativa española en el interior del país lleva décadas disminuyendo por el éxodo a las ciudades, pero ahora la llegada de inmigrantes a muchos pueblos “en peligro de muerte” está ayudando a mantener colegios o granjas abiertos y ha dar una salida a estas localidades. Es lo que ponen de relieve The Guardian y Le Monde, entre otros, fijándose especialmente en el caso de dos pueblos de Teruel, donde la llegada de familias marroquíes inmigrantes se ha convertido en un asunto vital para su superviviencia.

The Guardian se fija en los africanos que está repoblando los pueblos españoles agonizantes. Menciona Visiedo, un pueblo de Teruel con “casas abandonadas, calles vacías y población envejecida”, como “ejemplo de libro” del declive rural que afecta a España y a Europa. Pero apunta que en esta localidad en concreto, la “salvación” puede llegar gracias a inmigrantes que están dispuestos a revivirla. Y explica que la llegada de Said al-Ghoury con su mujer y sus dos hijas permitió que el colegio de Visiedo siguiera abierto y ahora hay otras dos familias marroquíes que se han mudado a la aldea en la que apenas vivían 80 personas, y hay más en toda la zona. Menciona que Aragón tiene la mayor tasa de despoblación rural de toda España y por ejemplo resalta que en la zona de Teruel en los últimos 19 años, la población ha caído desde 136.229 habitantes a 123.009. Sin embargo señala que el número de immigrantes residentes en la provincia ha crecido un 2000% desde 1998, llegando ya a 13.979, según el INE. Y apunta que muchos de estos extranjeros llegaron en la década de los 90 para trabajar en la industria de la agricultura en el Mediterráneo pero han ido trasladándose tierra adentro por la crisis, provocando una cierta repoblación en varias áreas y está ayudando a revivir aldeas que agonizaban.

Le Monde apunta que la llegada de extranjeros es crucial para regiones españolas con “sangría demográfica”. Destaca los casos de Visiedo y Alfambra, donde un simple traslado de familias de inmigrantes marroquíes se convirtió en un acontecimiento vital para las localidades que asistían impotente a una “inexorable despoblación”, ya que permitió mantener abierto el colegio y una granja de ovejas. Explica que el dilema de estos y otros muchos pueblos en España es que viven en un círculo vicioso: “si no hay habitantes no hay servicios, pero si no hay servicios, no hay habitantes”. Por eso señala que la llegada de norteafricanos dispuestos a hacer trabajos que los españoles no quieren desempeñar -como el de pastor el Alfanbra- son una vía de salida.

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