NO TE EXTINGAS
4 de Octubre de 2007
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  Carlos Llamas llegaba a primera hora de la tarde a la SER, iba a por un café a la máquina, se sentaba sigiloso frente al ordenador, miraba teletipos, periódicos, los guiones de los informativos de la mañana… Después, poco a poco, salÃa de su ensimismamiento, comentaba con esa acidez e ironÃa suya asuntos de la actualidad, bromeaba con sus compañeros de redacción, y seguÃa escribiendo.
Era una delicia ir leyendo el guión de Hora 25 a medida que Carlos lo iba moldeando. Como si nada, sin hacer ruido, iba tejiendo el relato del dÃa, las palabras que iban a componer su programa radiofónico, sus posturas, su visión. Era común descubrir entre sus lÃneas una nueva idea, una nueva arista, una brillante reflexión que nos servÃa a todos para escribir con mayor facilidad y lucidez las noticias que nos correspondÃan.
Llegaban las diez y su pasar inadvertido se transformaba ante el micrófono en una cascada de fuerza comunicativa plagada de lógicas aplastantes y ausente de miedos. El tono de Carlos era el de “las cosas como son”. Y asà las contaba, tal como eran, sin tibieza, sin eufemismos, sin timidez( caracterÃsticas tan dañinas para la verdad…..).
Asà era Charlie en la vida real también: Un tipo honesto y sin pliegues por cuyas venas jamás pasó la vanidad, ni el estiramiento que adquieren muchos de los que llegan alto. Nunca le cogió el gustillo a lo polÃticamente correcto de las relaciones públicas, siempre optó por los lugares y actitudes en los que él se sentÃa cómodo, que eran aquellos donde no habÃa cabida para lo artificioso.
Prescindió de las jerarquÃas: salÃa a tomar una copa con los becarios, discutÃa de polÃtica o de la vida de igual a igual con los que éramos más jóvenes, no se despojó de la empatÃa o la ternura que algunos pierden en caminos similares al que él recorrió.
En fin, hoy me invade una tristeza honda y dolorosa. Veo a Carlos como el sÃmbolo de un tipo de periodismo que temo que se extinga; como pieza clave de una atmósfera mágica que hubo en aquella redacción de la SER; como un hombre generoso, cálido, humano,  a quien todos tenemos algo que agradecer.
Esta mañana en el tanatorio nos encontrábamos compañeros y ex compañeros: algunos siguen trabajando juntos; otros nos hemos ido a nuevos medios. Hay quien se ha distanciado, hay quien ha roto lazos de amistad- porque asà es la vida, a veces desgasta- algunos se reúnen a menudo, para cenar, para tomar algo, otros se frecuentan menos… Pero no faltó nadie. Y todos susurrábamos para adentro nuestras cosas, nuestros recuerdos individuales, nuestras anécdotas personales con Carlos, nuestros agradecimientos.
Yo tengo el mÃo: Charlie fue un hombre tremendamente  generoso;  me cuidó cuando yo estaba en Bagdad, en una horrible guerra de la que él me dijo, antes de que yo me diera cuenta, que supondrÃa un antes y un después en mi vida. Cuando ese después llegó me prestó su hombro para llorar.
Me consta que sus amigos más Ãntimos, su familia, sus hijos, guardan no solo un agradecimiento, sino cientos; acumulan una tira infinita de momentos memorables, de anécdotas, risas y cariños.
Carlos Llamas se va con todo eso, con lianas de lágrimas de verdad de los más cercanos y de los no tanto, de compañeros y oyentes; con el homenaje de miles y miles de personas que, sin conocerle, se acostaban con él cada noche, transistor en mano, para rumiar juntos la actualidad del dÃa que estaba a punto de terminar. Y a las doce de la noche, Charlie decÃa “que ustedes lo pasen lo mejor que puedan”… y sé de muchos que solo entonces se podÃan dormir.






Espere