Los firmantes de este comunicado somos los cuatro periodistas espa√Īoles que testificamos en su d√≠a ante la Audiencia Nacional en la causa abierta por la muerte de Jos√© Couso. Los cuatro nos encontr√°bamos en el Hotel Palestina de Bagdad el 8 de abril de 2003, en el momento en que un proyectil disparado desde un carro de combate del ej√©rcito de los Estados Unidos acab√≥ con la vida de Couso y del c√°mara de la agencia Reuters, Taras Protsyuk. Dejando claro el m√°ximo respeto que nos merece la Audiencia Nacional, nos vemos obligados a emitir este comunicado por la utilizaci√≥n, a nuestro juicio, profundamente inexacta que el Tribunal ha hecho de nuestras declaraciones.

1.- Creemos que es inaceptable que el Tribunal haya utilizado de forma parcial y descontextualizada nuestras declaraciones para justificar la exculpación de los tres militares estadounidenses. De la misma manera, no entendemos por qué sin embargo se ha hecho caso omiso al grueso de nuestras declaraciones.

2.- Lo que declaramos en su día ante la Audiencia Nacional coincide plenamente con el testimonio del resto de las decenas de periodistas que se encontraban en el Hotel Palestina el día de los hechos..

2.1. El Hotel Palestina era el centro internacional de prensa en el que nos encontrábamos todos los corresponsales extranjeros que cubríamos la guerra desde el frente iraquí. Una circunstancia que conocían perfectamente los mandos del ejército de los Estados Unidos.

2.2. En el Hotel Palestina no hab√≠a francotiradores, combatientes armados ni ning√ļn otro tipo de amenaza para las tropas norteamericanas que ese d√≠a estaban procediendo a la ocupaci√≥n de Bagdad.

2.3. En el Hotel Palestina sólo había funcionarios civiles y por tanto no armados del Ministerio de Información Iraquí que controlaban el funcionamiento del centro internacional de prensa

2.4. El 8 de abril de 2003 decenas de periodistas con nuestras c√°maras de televisi√≥n nos encontr√°bamos ‚??a cara descubierta‚?? en los balcones del Hotel Palestina grabando las im√°genes de los carros de combate norteamericanos que se encontraban encima de uno de los puentes sobre el r√≠o Tigris. Estuvimos varias horas grabando a esos carros de combate entre los que se encontraba el que finalmente dispar√≥ contra nuestro hotel. Igual que nosotros vimos y registramos sus movimientos durante horas, los ocupantes de dichos carros de combate estuvieron tambi√©n durante horas observando como decenas de periodistas con sus c√°maras trabaj√°bamos en los balcones del hotel.

3.- Con estos datos, en nuestra humilde opinión y reiterando nuestro respeto por la decisión de la Audiencia Nacional creemos que:

3.1. Es insostenible la tesis de que los máximos responsables del Ejército de los Estados Unidos no sabían que el Hotel Palestina era el lugar en el que se encontraba toda la prensa internacional. Un lugar, por tanto, protegido por las convenciones internacionales.

3.2. Es insostenible la tesis de que los militares que se encontraban en el carro de combate norteamericano que disparó contra el Hotel, no supieran que estaban atacando un edificio en el que se encontraban trabajando decenas de periodistas.

3.3. Es necesario que siga adelante la investigación judicial para saber cuáles fueron los motivos que llevaron a atacar el Hotel Palestina y a depurar, en su caso, las responsabilidades penales derivadas de tan execrable acto.

Madrid, 14 de mayo de 2008
Jon Sistiaga, Olga Rodr√≠guez, Jes√ļs Qui√Īonero y Carlos Hern√°ndez

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2 Replica a este post
  1. Mi querida Olga:

    Lamento mucho la noticia y pienso en la pr√°ctica del outing…ser√≠a muy interesante publicar los nombres y apellidos de los magistrados que est√°n jugando el papel√≥n de creerse a los militares norteamericanos y pretender absolverlos del asesinato de Jos√© y Taras.

    No estoy hoy muy inspirado y no quisiera ser zafio o brusco, as√≠ que te dejo con lo que una revolucionaria, Rosa Luxemburgo, dijo sobre la JUSTICIA….hace 90 a√Īos!!

    Mil besos, Salud, Rep√ļblica, Socialismo y…Justicia

    “(…) v√≠ctimas de la guerra imperialista que llev√≥ la desgracia y la miseria hasta los extremos m√°s intolerables de la tortura; v√≠ctimas de esa horrorosa masacre de hombres que liber√≥ los instintos m√°s viles.

    La justicia de las clases burguesas fue nuevamente como una red que permiti√≥ escapar a los tiburones voraces, atrapando √ļnicamente a las peque√Īas sardinas. Los especuladores que ganaron millones durante la guerra han sido absueltos o han recibido penas rid√≠culas. Los ladronzuelos, hombres y mujeres, han sido sancionados con severidad draconiana.” R. Luxembourg, 1918