El diario aleman incluye un artículo de opinión de Gerd Held sobre lo que diferencia a las revoluciones árabes y las que ahora han emprendido los jóvenes españoles, griegos y en general europeos. Y se muestra muy crítico con estos últimos a los que acusa de no tener curiosidad por la vida, de limitarse a quejarse y de ser “ya unos viejos”.


(Foto: Flickr/Amayita)

Para Die Welt: “en las orillas árabe y europea del Mediterráneo, los jóvenes salen a las calles. Pero tanto la situación como el estado de ánimo no pueden ser más distintos. Los jóvenes del norte de África se arriesgan, mientras que los griegos se lamentan. En el fondo, y a pesar de su juventud, ya son unos viejos”

Sobre España, en concreto asegura: “La generación de españoles jóvenes en los años 50 no necesitaba un salario mínimo garantizado para encontrar sus libertades. Tampoco les parecía obvio regresar a las trincheras de la Guerra Civil que habían marcado a sus padres. La historia autobiográfica del escritor Manuel Vicent nos muestra a una juventud sin juicios y expectativas definitivas, sin acusaciones y sin ??¡fuera con?!??”.

“No refleja a una generación resabida, lastimera o indignada, sino a una juventud a la búsqueda, asombrada, a menudo tímida y siempre hambrienta de vida. Ser joven tenía su sentido propio. No era únicamente la sala de espera para acceder al mundo fijo de los adultos. Significaba descubrir algo para sí mismo ?? en lugar de exigírselo a otros”.

El diario aleman apunta que “este espíritu le es ajeno a la generación de jóvenes de hoy en día en la orilla europea del Mediterráneo. Quien escucha estos días lo que exclaman o escriben en sus pancartas los indignados?? de Atenas, no percibe ninguna forma de vivir propia ni ninguna curiosidad ?? sólo la ira por las esperanzas frustradas, que surgieron debido a las promesas del Estado social y educativo. También percibe un odio y una destructividad inauditos”.

“En la orilla norte el Mediterráneo se manifiesta hoy una juventud a la que la sociedad ha acostumbrado a pasar el tiempo en instituciones educativas para ser ??fomentada??. De este modo, en su protesta tampoco puede hacer otra cosa que repetir lo que ha dominado su vida hasta hora: exigen al Estado que garantice puestos de trabajo fijos de jornada completa que además correspondan al nivel de los títulos que han obtenido con sus estudios” dice el autor.

“De este modo, toda la vida se convierte en un asunto de subvención. Triste pero cierto: En el fondo, esta generación está pensando ya en su jubilación. A pesar de su juventud, ya es vieja. Con ello desvelan mucho sobre las circunstancias europeas, puesto que son precisamente el producto social que genera la ??unión de transferencias?? de la UE. Esta actitud quejica, con la que se perfilan a sí mismos como ??generación perdida??, es vergonzosa ?? mientras que en la orilla sur del Mediterráneo una generación infinitamente mayor encuentra, en países mucho más pobres, la fuerza para exigir libertades y disolver ataduras?.