E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Supongo que me equivocaba. Creí que los Republicanos habrían vuelto a sus cabales ya a estas alturas de la película. En lugar de eso, parecen ir de cabeza a la locura.A menos de un mes de los comités de Iowa, Mitt Romney, el candidato que según los sondeos tiene más probabilidades de derrotar al Presidente Obama, sigue siendo patentemente inaceptable para la mayoría de su formación. Ha pasado el verano y el otoño siendo el segundón de una serie de «favoritos» que no convenciendo, iban desapareciendo paulatinamente a medida que se hacían patentes sus carencias.

El más reciente es Newt Gingrich, un caballero con más equipaje que Louis Vuitton — y con debilidad por la refinada joyería de Louis XIV, a juzgar por sus facturas en Tiffany’s. Seamos honestos: ¿hay alguien por ahí que crea que Gingrich llegaría a unas generales contra Obama sin autodestruirse? A mí no me lo parece.

Lejos de asentarse, la competición Republicana sigue volviéndose más absurda. No se me ocurre mejor ilustración que el hecho de que el debate de los candidatos el 27 de diciembre — el último antes de que se celebren realmente los comicios de Iowa — vaya a estar moderado por Donald Trump.

Romney, Ron Paul, Rick Perry y Jon Huntsman han tenido la dignidad y el buen juicio de rechazar la participación en lo que probablemente sea un motivo de vergüenza para todos los implicados menos Trump, que no conoce la vergüenza. La campaña de Paul destaca que el acto programado va a crear «una atmósfera indeseable propia de un circo» que está «muy lejos del cargo de la presidencia».

Gingrich, carente de dignidad y buen juicio al parecer, participará impaciente. Se le une Rick Santorum que, afrontémoslo, no tiene nada que perder. Michele Bachmann no ha tomado la decisión de unirse al espectáculo de frikis.

«Me sorprende que Mitt Romney se niegue», decía Trump en la MSNBC. «Francamente, me sorprende porque quiere ni apoyo de verdad. Quiero decir, lo quiere como sea».

¿En serio? Antes de asociarse de forma demasiado estrecha con Trump, sugeriría que todos los candidatos echen un vistazo al sondeo de septiembre de Fox News. Mientras el 10% de los Republicanos encuestados dice que votaría más probablemente a un candidato que tuviera el apoyo de Trump, casi el doble de ese porcentaje — el 18% — dice que el respaldo de Trump les haría menos dados a votar al candidato.

Y eso no es nada en comparación con el impacto potencial en las generales contra Obama. Entre todos los votantes, concluye el sondeo de la Fox, solamente el 6% dice que el apoyo de Trump les hace más propensos a votar al candidato apoyado, al tiempo que la friolera del 31% dice sentirse menos inclinado.

Es todo un logro viniendo del presentador de «El Aprendiz» con una cabellera que parece un bisoñé. Es difícil pensar en un candidato a esta orilla de Guantánamo cuyo respaldo pueda alejar a la tercera parte del censo electoral estadounidense.

No molesta a Gingrich, no obstante. ?l considera la participación una cuestión de valor. «Me parece que si tienes miedo de debatir con Donald Trump», decía, «la gente va a decir: ??¿quiere usted que crea que puede debatir con Barack Obama pero tiene miedo a comparecer en un acto público con Donald Trump?'»

Gingrich une así su suerte a la de Sarah Palin entre otros, la que dice que de postularse a presidenta, desde luego participaría en el debate de Trump. Dice que el encuentro será «algo positivo» porque Trump «será capaz de atraer a una audiencia demográficamente surtida que a lo mejor no se ha interesado hasta el momento en este candidato». Pero puesto que sabemos a través del sondeo de la Fox que gran parte de la audiencia va a encontrar repelente el espectáculo, sospecho que Palin simplemente se está solidarizando con Trump. Las estrellas de los realities televisivos tienden a reunirse.

¿Supone usted que Trump va a preguntar a Gingrich por las violaciones del código deontológico que cometió siendo presidente de la Cámara, o por la multa de 300.000 dólares que tuvo que pagar? ¿Le parece que presionará a Gingrich a tenor de las labores de presión política con eufemismo que viene desarrollando a título de clientes como el gigante hipotecario financiado por el estado Freddie Mac? ¿Imagina que leerá a Gingrich sus comentarios Dickensianos acerca de las leyes de trabajo infantil, y que le va a pedir que detalle los empleos que son idóneos para golfillos y los que no lo son?

No, no y no. Este espectáculo sólo puede tener una estrella, y ya conocemos su identidad. No importan los candidatos que se presenten, el debate de Donald Trump va a girar en torno a Donald Trump. Apuesto a que en algún momento del acto, Trump pronuncia realmente la fórmula «Está despedido».

Y viniendo de la dirección de la Casa Blanca, se escuchará el sonido de gente chocando los cinco.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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