E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

Sobre Robinson

Sus columnas, ahora en radiocable.com

Otros columnistas del WP

 

   

Eugene Robinson – Washington. No es por aguar la fiesta, pero los Demócratas no deberían interpretar la crispación interna del Partido Republicano — y a los candidatos poco fiables y sin experiencia que han surgido de la refriega — como una especie de garantía de cara a noviembre. Tanto como lo intenta, probablemente el Partido Republicano no pueda derrotarse. De todas formas este año no.

No quiero yo decir que el enfrentamiento entre la institución Republicana y la insurgencia sin cuartel del movimiento de protesta fiscal sea trivial. Cuando Christine O’Donnell, favorita del movimiento, ganó las primarias al Senado en Delaware el martes, mi primera reacción fue pensar que este resultado casi garantiza que la mayoría del Partido Demócrata en el Senado está a salvo.

Al reflexionar, creo que «casi garantiza» debería ser rebajado a algo como «hace probable». Y en momentos de desesperación existencial, me temo que pueda llegar a ganar.

Estrategas muy reputados de ambas formaciones han dicho que es difícil imaginar un escenario en el que el Partido Republicano se hace con el control del Senado sin el escaño de Delaware. La cúpula del partido pensaba tener al candidato perfecto en Mike Castle, congresista veterano de opiniones moderadas. Pero el movimiento fiscal protagonizó un levantamiento, y una oleada de dinero de campaña y voluntarios procedentes de otros estados dio la victoria en las primarias a O’Donnell – cuya elección legislativa la cúpula Republicana considera imposible.

Debería. Durante la campaña de primarias, que se convirtió en un verdadero enfrentamiento entre verduleras, las investigaciones de los orígenes de O’Donnell por parte de la prensa y los detectives de los rivales sacaron a la luz materiales que habrían de ser devastadores.

Entre los valiosos hallazgos hay viejos anuncios de televisión en los que ella dice cosas barrocas o extravagantes; en defensa de la abstinencia sexual antes del matrimonio en la MTV, sostuvo en una ocasión que hay que renunciar incluso a la masturbación.

Se descubrió que las cuentas personales de O’Donnell están en un estado caótico — había dejado de pagar su hipoteca y se le reclamaba por la vía judicial el pago de su matrícula universitaria. Antes de abrir su campaña no tenía trabajo fijo, declarando el año pasado unos ingresos de sólo 5.800 dólares. Y aunque dijo haberse licenciado hace 17 años por la Fairleigh Dickinson, en realidad se graduó en el instituto hace unas semanas. El director de su fracasada campaña al Senado en 2008 llamaba públicamente a O’Donnell «un fraude rotundo».

Eso se añade a lo de imposible que salga elegida, ¿no? Claro, pero sólo en un mundo cuerdo y justo — lo que significa que las apuestas están descartadas.

O’Donnell es desenvuelta y seduce a la cámara, con un brillo que su rival Demócrata, Chris Coons, se verá apurado para contrarrestar. Ella ha dominado lo que se debería llamar la Afectación de Sarah Palin — la desenvoltura, el desparpajo, la religiosidad, el destello puntual de los dientes al descubierto — y lo interpreta bien.

Mientras los pomposos funcionarios Republicanos de Washington y Wilmington discuten si destinar o no algún dinero sustancial a los comicios — o darlos por perdidos simplemente — O’Donnell recibirá abundante dinero de campaña de los grupos del movimiento fiscal y sus partidarios de todo el país. Si los Demócratas crean una campaña enérgica y movilizan cierto entusiasmo entre los incondicionales de la formación, pueden derrotarla. Si no lo hacen, puede ganar.

Lo mismo puede decirse del resto de comicios que los Demócratas tendrían que poder ganar. El secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid, con problemas entre sus electores de Nevada, tuvo un golpe de suerte cuando los Republicanos eligieron candidata a Sharron Angle — activista fiscal — para ser su rival. Enseguida la adelantaba en las encuestas a medida que circulaban las posturas radicales de Angle y se difundían sus barrocos comentarios. Pero las encuestas más recientes sitúan su popularidad recuperando posiciones, y Reid está en las últimas.

Publicidad

Cuando el apoyo del movimiento fiscal arrastró a Rand Paul hasta la candidatura Republicana al Senado en Kentucky, los Demócratas pensaron que hasta podrían birlar un escaño Republicano. Ahora sin embargo, parece que Paul es el probable ganador. Igualmente, en Alaska, el favorito del movimiento fiscal Joe Miller es el favorito — a menos que la senadora Republicana a la que derrotó en las primarias, Lisa Murkowski, decida presentarse a las generales como candidata de lista.

El martes fue el mejor día que han tenido los Demócratas en mucho tiempo — pero sólo en términos relativos. Los Republicanos abrieron al movimiento fiscal el Partido Republicano, y ahora tienen que preocuparse por la posibilidad de ser devorados. Pero al menos la formación está llena de pasión, energía y resolución — lo que no puede decirse de los Demócratas, al menos no sin poner cara de póker.

Si los Demócratas no saben movilizar cierto entusiasmo real entre el electorado, y pronto, la palabra «imposible de elegir» podría dejar de tener significado. Contar con que los Republicanos se inmolen puede ser la esperanza de los Demócratas, pero no es un plan.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
© 2010, Washington Post Writers Group
Derechos de Internet para España reservados por radiocable.com

Sección en convenio con el Washington Post

Print Friendly, PDF & Email