Un hombre noruego de 62 años se ha convertido en el décimo caso de remisión del VIH tras un trasplante de células madre, el primero con donante familiar. En Sinc repasan los detalles de este hito, señalando que cuatro años después de dejar el tratamiento, el virus sigue indetectable, lo que refuerza el papel de una mutación genética clave y abre nuevas vías terapéuticas.


Ya son diez las personas que han logrado eliminar el virus del VIH tras someterse a un trasplante de células madre. De hecho, el último de ellos, un hombre noruego de 62 años, lleva cuatro sin presencia del patógeno en los principales reservorios del organismo, según describe un nuevo estudio publicado hoy en Nature Microbiology.

Se trata de un paciente de cáncer que se sometió a un trasplante de células madre con una variación genética, llamada CCR5Δ32, que ha logrado impedir el acceso del VIH a las células. Durante su investigación, los científicos no encontraban un donante compatible y optaron por su hermano que, de forma inesperada, era portador de esta variación genética. El hallazgo se trata del primer caso de remisión de VIH en un paciente de avanzada edad mediante un trasplante fraternal de células madre.

Según explica a SINC el líder del estudio e investigador del Hospital Universitario de Oslo, Marius Treseid, esta mutación actúa sobre el correceptor que permite al virus infectar las células inmunitarias y bloquear las CD4 para la mayoría de las cepas. “Creemos que se ha curado porque los reservorios virales parecen estar vacíos y sus células T ya no reconocen al patógeno”, apunta el experto.

Reemplazo de células madre

Para saberlo, los expertos analizaron los datos del paciente oslense al que se le había diagnosticado VIH-1 subtipo B en 2006, a los 44 años, y le sometieron a un trasplante de células madre con la mutación CCR5Δ32 para tratar el síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer de la sangre. Tras 24 meses, suspendieron la terapia antirretroviral y observaron que las células del donante sustituían a las propias células inmunitarias del paciente en la sangre, la médula ósea y los tejidos intestinales.

“Las células madre trasplantadas eliminaron las restantes –tanto las sanas como las infectadas–, y barrieron los vestigios de los reservorios virales del paciente”, explica el investigador ICREA en IrsiCaixa y coautor de este trabajo, Javier Martínez Picado. De hecho, las biopsias realizadas dos años después no mostraron ADN proviral del VIH —material genético integrado en el ADN del huésped de las células infectadas— en las muestras de sangre o de los intestinos.

“Nos preocupaba que al analizar la sangre perdiéramos información útil sobre las fábricas del virus”, señala el experto, “y por ello realizamos un estudio profundo en diferentes zonas del intestino, como el íleo, que se caracteriza por ser una región muy rica en tejido linfoide”, añade.

Cuando los autores examinaron más de 65 millones de células T CD4 del paciente, no detectaron ningún virus capaz de multiplicarse. Tampoco vieron respuestas detectables de células T específicas contra el VIH, y los niveles de anticuerpos contra el virus cayeron cuatro años más tarde. No obstante, el paciente sigue dando positivo en anticuerpos contra una proteína concreta.

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