Ellen Goodman

Premio Pulitzer al comentario periodístico.

 

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Ellen Goodman – Boston. ¿En qué momento exactamente empezaron los Republicanos a dirigir una de esas estafas de televenta dirigidas a los ancianos?

Ya fue bastante malo que Sarah Palin contara la mentira descarada en Facebook de que existen “tribunales de eutanasia” dentro de los planes de reforma de la atención sanitaria. Peor fue ver al Senador de Iowa Charles Grassley suspendiendo la prueba de las explicaciones al tiempo que secundaba este mito. Los Republicanos sembraron el miedo a que el Presidente Obama quiera “desenchufar a la abuelita.” Ahora quieren que la abuela tumbe la reforma sanitaria.

Entiendo el truco de venta. Los ancianos son el único grupo de edades que perdió Obama en las elecciones del año pasado. Fue el cambio que ellos no se creyeron. Ahora las encuestas sugieren que las personas aseguradas por Medicare son las menos dadas a creer que la reforma sanitaria va a funcionar. En las encuestas de Gallup, casi el 40 por ciento cree que empeorará la atención que reciben.

A continuación el secretario del Partido Republicano, Michael Steele, difundía esta semana una “Declaración de Derechos de los Ancianos a la Sanidad” – un lanzamiento que no contenía derechos, sino un montón de sustos. Ponía sus miras en gente como el hombre de pelo cano procedente de Carolina del Sur que insistía con rabia durante una asamblea: “Aparte sus manos burocráticas de mi Medicare”. (Nota a los que contrastan las cosas: Public Policy Polling informa de que el 62 por ciento de los Republicanos también cree que el gobierno debe mantenerse al margen de ese programa ¡público!).

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Steele prometió, entre otras cosas, prohibir “cualquier iniciativa encaminada a racionar la sanidad con la edad” y “evitar que el gobierno dicte los términos de la atención clínica”. Me gustaría aclarar que ninguna de esas cosas aparece en ninguna de las versiones de ese proyecto de ley, pero eso sería reducir mis posibilidades de ser invitada a Fox News de cero a veto.

También se comprometió a “proteger Medicare” – presumiblemente del plan de ahorro de 500.000 millones de dólares del crecimiento proyectado de su gasto. ?l no mencionó que las propuestas también cerrarían el “boquete” en la cobertura de las recetas médicas, proporcionaría subvenciones a los ancianos de bajos recursos y daría al fondo de Medicare cinco años de vida más.

Esto no es sólo una tele-estafa para contar con la tercera edad en la conversión de esto en “el Waterloo” de Obama. Los Republicanos basan los argumentos de venta en la idea de que la atención cara es la mejor atención y que lo que quieren los ancianos de verdad es más. En sanidad, eso se traduce en incesantes consultas, exámenes, exploraciones y puede que aún más respiradores artificiales.

¿Podríamos poner eso en espera? En primer lugar, “anciano” es hoy una política demográfica que abarca un período de vida enorme y variado. Incluye a alguien que luchó en la Segunda Guerra Mundial y a alguien que nació durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que usted puede desear a los 65 años puede no ser lo mismo que lo que quiere a los 85.

En segundo lugar, con la edad y la experiencia, el conocimiento que se adquiere no es siempre mejor. Tampoco son los médicos los únicos que evalúan lo que es necesario.

A raíz de la muerte de Ted Kennedy, se plantearon dudas con delicadeza – y, a veces, me temo, sin ella – en torno a su tratamiento del cáncer cerebral. Este tratamiento agresivo y puntero le dio la misma esperanza de vida que le habría dado la atención estándar. Esto no tuvo nada de particular. Sin embargo, otros familiares de víctimas dudan si es vida prolongada o sufrimiento prolongado. No están seguros de que hacer “todo” por sus mayores sea lo correcto.

Los fanáticos también están vendiendo la idea de que hay algo perjudicial en que un panel de expertos elegidos estudie y compare la eficacia de los tratamientos. Dichos paneles no son, como se anuncia, un precursor automático del “racionamiento”, pero esperemos que sirva para comportarse racionalmente. ¿Por qué no va usted a querer saber qué tratamiento fue eficaz?

Y si podemos volver a las conversaciones al final de la vida tan deliberadamente enmarcadas como eutanasia, esto todavía puede producir una reacción entre los canos. ¿Se acuerda de cuando los conservadores pensaban que “rescatar” a Terri Schiavo era una baza política? La tercera edad no lo veía de esa manera. Hay un matiz de falta de lógica que convierte conversación en coacción. ¿Cuántos políticos de edad avanzada de los que sacaron este proyecto de ley del Senado han firmado un consentimiento hospitalario?

Por último, y perdone mi optimismo, no creo que los norteamericanos mayores sean engañados por conflictos generacionales. A la cohorte de Medicare les están diciendo que solo protegen lo que tienen – un plan público llamado Medicare – destrozando la opción pública de sus hijos. Se les está animando a proteger su Declaración de Derechos negando derechos a aquellos que son más jóvenes y que no tienen seguro.

Si alguien le llama para venderle esto como su legado, abuelita, active el identificador de llamadas y filtre las del estafador.

Ellen Goodman
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