Ellen Goodman

Premio Pulitzer al comentario periodístico.

 

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Ellen Goodman – Boston. Habrá tiempo de hablar de costes y cobertura, de planes públicos y privados, de razonamiento y racionamiento en la reforma de la sanidad. El Presidente empezó esta semana por hablar de los trabajadores del sistema: los médicos.En la reunión del Colegio Americano de Médicos, Barack Obama abordó el modelo ??que ha convertido el ejercicio de la medicina de profesión — una vocación — en un negocio.? Recordó a los médicos: “No se ingresa en esta profesión para convertirse en contables y funcionarios de ventanilla. Se entra para ser médicos. Y eso es lo que debería dejaros ser nuestro sistema sanitario.?

Escuchándole hablar, me acordaba de un relato corto de los anales de la medicina. Unos cuantos días antes, una amiga tenía una cita para evaluar una operación cardíaca bastante delicada. Después de 15 minutos, el cardiólogo se levantó para marcharse. Mi amiga se asustó: “Tengo más preguntas,” dijo. ?l contestó, ??yo tengo más pacientes,” y se fue.

Estoy segura de que no se hizo cardiólogo para tratar a los pacientes como si fueran pasajeros que salen de una puerta giratoria. También estoy segura de que ningún sistema racional adjudicaría un tiempo mínimo y una minuta a una visita destinada a decidir una operación que costará, de media, 35.000 dólares. Pero en eso estamos.

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En alguna parte por el camino, con la ayuda de aseguradoras e incentivos, pagando operaciones en lugar de atención al paciente, hemos creado una cultura de medicina que aleja a los médicos de “la vocación.?

En su discurso, Obama mencionó McAllen, Tejas. Esta ciudad poco conocida se ha convertido en la infame enseña de los disparatados gastos de la sanidad desde que Atul Gawande escribiera sobre ello en el New Yorker.

Resulta que McAllen registra el segundo gasto más elevado de la nación, un hecho que no aparece en su página web. El gasto es el doble de elevado que el de su gemelo demográfico, El Paso. No porque la gente se ponga más enferma. Tampoco porque se conserve más sana. Y no debido a demandas por negligencia. ??La principal causa del extremo gasto de McAllen es, simple y llanamente, el abuso de la medicina a todos los niveles,” escribía Gawande. Fue evocador de los demás terrenos de gasto considerable en los que la gente “obtiene más de lo más caro, pero no más de lo que necesita.?

En McAllen, Gawande concluía infelizmente que este abuso se producía porque demasiados médicos conciben su profesión “sobre todo como fuente de ingresos.? No se trataba solamente de algún personaje aberrante, es el sistema que remunera a los médicos por la cantidad, no por la calidad — y les paga como particulares en lugar de como integrantes de un equipo.

?l compara este fracaso con el éxito de lugares como la Clínica Mayo, de calidad superior con gasto más bajo.

Cuando mi amiga, la paciente de la consulta de 15 minutos, envió el artículo del New Yorker a su hija, una de las médicos de atención primaria más delicadas que conozco, recibió este correo electrónico de respuesta: “Yo sólo puedo hablar por mis amigos /socios a lo largo de los años. Creo que todos nosotros odiamos que el dinero forme parte de cualquier proceso de decisión. Nos encanta el pensamiento crítico estricto, actualizado, basado en hechos y que salve vidas. Nos encanta hablar con la gente, examinarla (literal y figurativamente) y sentir la utilidad/ importancia de nuestra comunidad.? Todos odiamos tener que encontrar la medicina cubierta por el seguro, apelar una solicitud desestimada… ver empeorar los problemas porque el paciente decide que no se puede permitir la medicación.?

Ella también odia pensar en las deudas contraídas para pagar la carrera, por no hablar de un sueldo que no ha crecido en los últimos 10 años, mientras la opinión pública cree que los médicos nadan en dinero. ??Es difícil mantener un espíritu altruista,” continuaba. ??La verdad es que no animo a mis hijos a estudiar medicina… parece triste y siniestro.?

Siniestro de verdad. Los médicos están enfermos a base de trámites y obstáculos, hartos de más regulaciones que dictaminan qué operaciones son útiles y cuáles son “demasiado practicadas.? Pero el mensaje de McAllen es que los médicos necesitan reformar su cultura a tono con su vocación.

En el discurso reciente en la Facultad de Medicina de Harvard, Steve Bergman — conocido entre generaciones de estudiantes de medicina como Samuel Shem, autor de “La casa de Dios,” la novela satírica acerca de la formación médica — decía a los nuevos médicos:

“Alguien ha escuchado alguna vez, cuando alguien se desmaya en una sala atestada de gente, salir el grito: ‘¿Hay algún corredor de seguros en la sala? Nosotros hacemos el trabajo. Tenemos el poder. Sin nosotros, no hay atención médica. Si cerramos filas, podemos tomar medidas y cambiar las cosas.??

Eso es algo que habría que escribir — por favor, de manera legible — en el talonario de recetas de la reforma sanitaria.

Ellen Goodman
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