E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. Seamos claros: El enfrentamiento de importantes repercusiones registrado un Wisconsin no tiene nada que ver con equilibrar las cuentas del estado.

Tiene que ver con dinero, no obstante — pero solamente en el sentido de que el dinero se traduce en poder político. En este punto, está claro para todos que el verdadero objetivo del Gobernador Scott Walker es reventar a los sindicatos de funcionarios, transformando así a perpetuidad el paisaje político en favor del Partido Republicano.

A los senadores estatales Demócratas que abandonaron el estado para evitar el golpe de Walker no les queda otra que seguir exiliados. Los manifestantes que apoyan los derechos sindicales no tienen más remedio que mantener su vigilia en el capitolio de Madison. Es algo muy importante.

En el aire está la tentativa de Walker y de la mayoría Republicana de la Legislatura de privar a los empleados públicos de su derecho a la negociación colectiva. Bajo la legislación — que los Demócratas prófugos han logrado frustrar negando el quorum al Senado del estado — los sindicatos de funcionarios no tienen la capacidad de negociar las pensiones y los derechos. Los sindicatos podrán negociar los salarios pero no brindar subidas salariales superiores al encarecimiento de la vida.

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Walker tiene razón en una cosa: Cuando hablamos de pensiones y prestaciones, los funcionarios de Wisconsin lo tienen fácil. La mayor parte de ellos destina menos del 1% de su nómina a sus pensiones; el proyecto de Walker exige por ley aportaciones del 5,8% por lo menos. Y la mayoría sólo paga alrededor del 6% de la factura de las primas del seguro, una cantidad que Walker quiere elevar al 12,6% por lo menos.

Es fácil ver el motivo de que el empleado medio del sector privado de Wisconsin — que probablemente abona más del 25% del coste del seguro sanitario y que batalla por arañar algo, lo que sea, para la jubilación — pueda convenir con Walker.

Habría de destacarse, no obstante, que estos generosos acuerdos no fueron promulgados por la Divina Providencia. Se negociaron, lo que significa que funcionarios locales y estatales se pusieron de acuerdo en las secciones del contrato que ahora se consideran tan excesivas. Durante mucho tiempo ha sido frecuente que los sindicatos aceptaran mejores planes de pensiones y de salud renunciando a salarios más altos — recibiendo el dinero más tarde en la práctica en lugar de antes. Ahora que llega el momento de ponerse al día, Wisconsin quiere echarse atrás.

Yo creía que los Republicanos creían que un contrato va a misa, es sagrado y es inalienable. Supongo que no.

Pero no importa todo eso. La realidad es que los trabajadores de muchos sectores están teniendo que elegir entre expedientes de regulación o recortes salariales. Los funcionarios públicos no deberían estar guarecidos de forma diferente del vendaval que azota a la economía estadounidense.

Los sindicatos de Wisconsin han reconocido este hecho. Los líderes sindicales han anunciado que están dispuestos a aceptar la propuesta de Walker en materia de salud y retenciones. En otras palabras, el dinero ya no es problema.

Walker gana, ¿verdad? Consiguió lo que quería, ¿no?

En realidad, no. Ajustar los seguros y las pensiones a la realidad nunca fue el objetivo.

Walker y los Republicanos insisten en que las secciones del anteproyecto nieguen las competencias de negociación colectiva a los sindicatos. El énfasis del Partido Republicano no se hace en el impacto práctico de esta legislación — los sindicatos han accedido a los términos financieros de Walker – sino en el impacto político.

Los sindicatos han sido una fuente fiable de apoyo político al Partido Demócrata, donaciones de campaña incluidas. Durante las últimas décadas, la afiliación sindical ha descendido de forma acusada; según la Oficina de Estadística Laboral de Estados Unidos, el número de trabajadores afiliados a un sindicato descendió del 20,1% de la mano de obra en 1983 a sólo el 11,9% en 2010.

En el sector privado, sólo el 6,9% de la mano de obra está afiliada a un sindicato. Pero entre los trabajadores del sector público, el 36,2% son afiliados — y si se fija solamente en los empleados públicos estatales y locales, el 42,3% está sindicalizado. De manera que si los Republicanos quisieran debilitar al Partido Demócrata destruyendo su fuente más importante de apoyo económico en campaña, tratarían de aplastar a los sindicatos del sector público a los niveles estatal y local.

Eso es realmente lo que se decide en el enfrentamiento de Wisconsin. ?se es el motivo de que Walker no se conforme con las concesiones presupuestarias. Quiere eliminar el mayor servicio que los sindicatos pueden prestar a sus afiliados — la negociación del convenio colectivo — y de paso, a propósito, dificultar mucho más la recaudación de las cuotas de afiliación. Quiere matar de hambre a los sindicatos.

Es desgaste sindical puro y sin adulterar — no mediante matones y piedras, sino con el golpe seco de la intrigante pluma del gobernador.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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