…” Ya había hablado con los jugadores de una contingencia parecida y la conclusión a la que habíamos llegado es que más valía perder por dos puntos, que se podían remontar en casa, que ceder una prórroga en la que podíamos recibir un revés importante. El asunto era que si le dábamos el balón al adversario, como si nos hubiésemos equivocado, a lo mejor no querían o no acertaban a meter canasta. Había que hallar un método infalible y yo creía tenerlo. […] No esperaba dificultades, porque los italianos se irían a defender a su zona, y en eso también acerté, porque no se les ocurrió presionar el saque. […]  Les advertí que nada más marcada la canasta se retirasen a toda prisa hacia el vestuario por si había problemas?. La medida podía ser antideportiva, pero era prudente: […] .Cuando se reanudó el juego, con saque de fondo, Lorenzo Alocén recibió el balón, se giró hacia [nuestra] propia canasta y consiguió el más cómodo y el más polémico enceste de su dilatada carrera deportiva. Un instante después sonó la bocina de la mesa de anotadores y los madridistas se refugiaron en los vestuarios a toda prisa, como se les había dicho.Entre el público reinaba la estupefacción. Primero hubo risas por el error. Luego aplausos por la victoria. Por fin alguien comprendió lo que había sucedido y llegó la ira…. “

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