En este principio de septiembre no sólo se conmemora el 50º aniversario del golpe de Augusto Pinochet en Chile, sino que en España también se da una efeméride redonda de otra asonada golpista: la del 13 de septiembre de 1923 cuando Miguel Primo de Rivera que acabó con la monarquía constitucional que regía entonces en España, con Alfonso XII en el trono y un gobierno encabezado por Manuel García Prieto. Tras unos años de revuelo social y descrédito político y con la complacencia del propio Alfonso XIII, los militares dieron un golpe de Estado que derivó en una dictadura dirigida hasta 1925 por Primo de Rivera. En The Conversation repasan la figura y trayectoria de este militar al cumplirse 100 años de su golpe.



Alfonso XIII en Barcelona con Primo de Rivera.
Biblioteca Digital Hispánica / BNE, CC BY

Alejandro Quiroga Fernández de Soto, Universidad Complutense de Madrid

La dictadura de Miguel Primo de Rivera en España tiene que entenderse como parte de un tiempo histórico marcado por el terremoto sociopolítico que siguió a la Primera Guerra Mundial en toda Europa. Como Benito Mussolini, Miguel Primo de Rivera, marqués de Estella, supo beneficiarse de ese contexto de crisis profunda.

Su llegada al poder con el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923 y el apoyo que recibió inicialmente de distintos grupos conservadores solo pueden explicarse en este marco de grandes dificultades para el sistema político de la Restauración.

Al igual que el dictador italiano, Primo de Rivera se presentó como la alternativa regeneracionista que iba a acabar con un sistema corrupto controlado por una oligarquía de caciques y políticos profesionales. Primo se vendió como un hombre providencial, un mesías destinado a salvar a la nación de su desaparición, y un líder que luchaba contra unas élites inmorales que ahogaban al pueblo virtuoso.

Pero, a diferencia de Mussolini, al llegar al poder el marqués de Estella impuso un régimen castrense.

El inicio de la dictadura

Como presidente del Directorio Militar (1923-1925), Primo cesó a todos los gobernadores civiles. Los cambió por militares de alto rango y creó la figura de los delegados gubernativos. Estos eran oficiales del Ejército asignados a cada uno de los partidos judiciales del país con el fin de controlar la política municipal y destruir las redes caciquiles.

Un hombre vestido de general posa para una fotografía en blanco y negro.

Retrato de Miguel Primo de Rivera.
Casa Moreno. Archivo de Arte Español (1893-1953), IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte, CC BY-SA

El ministerio de Gobernación pasó a manos del general Severiano Martínez Anido, buen amigo de Primo de Rivera. La suya fue una figura clave en la organización de asesinatos de sindicalistas en Barcelona. Se instauró el estado de guerra de un modo permanente, la censura se hizo omnipresente y el sistema judicial se vio claramente sometido al Ejecutivo. Esto quedó especialmente patente después de que Primo ordenara la puesta en libertad de La Caoba, una conocida madame amiga suya detenida por tráfico de drogas.

La dictadura combinó censura y propaganda para silenciar a los opositores. Mientras tanto, fomentaba un discurso nacionalista, populista y regeneracionista que logró buena acogida en amplios sectores de la sociedad española. Todo esto tuvo lugar bajo un extenso sistema represivo montado por Primo de Rivera y Martínez Anido, con miles de detenidos, cientos de desterrados y decenas de ejecutados.

Además, la guerra en el Protectorado español en Marruecos fue una de las principales preocupaciones del dictador. El conflicto, que alcanzó unas
elevadas cotas de brutalidad por ambas partes, empezó a decantarse del lado español tras el desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925.

Una vez encauzada la guerra en África, Primo de Rivera decidió perpetuarse en el poder creando un Directorio Civil. Apostaba así por la construcción de un nuevo Estado autoritario.

Directorio Civil

Con el Directorio Civil (diciembre 1925-enero 1930), Primo de Rivera intentó crear una nueva España moderna y profundamente contrarrevolucionaria.

La continuidad de la censura y la represión de los críticos con el régimen; la convocatoria de un “plebiscito” sobre la figura del marqués de Estella (que fue en realidad una recogida de firmas); la creación de la Asamblea Nacional, la primera cámara corporativa en la Europa del siglo XX; la implantación de un modelo corporativo, influido por el fascista italiano, para solucionar los conflictos laborales; y el proyecto de una nueva constitución, que reforzaba el poder del Ejecutivo, fueron algunos de los factores con los que Primo de Rivera fue formulando un nuevo Estado antiliberal.

Un hombre sentado apoyado en un bastón mira a cámara al lado de otro hombre bajito que también mira a cámara.

El Rey Alfonso XIII y el General Primo de Rivera en un momento de descanso en una cacería, del 5 de enero de 1930, en El Escorial.
Biblioteca Digital Hispánica / BNE, CC BY

La construcción del nuevo régimen primorriverista también conllevó una inversión sin precedentes en obra pública. Se formaron monopolios estatales de teléfonos, petróleo, tabaco y transportes, generalmente gestionados por grandes empresas privadas, y se generó una ingente deuda pública. Además, la expansión estatal, la codicia de los primorriveristas, la falta de controles y el despotismo con el que el marqués de Estella ejercía el poder convirtieron la Dictadura en un régimen profundamente corrupto.

Las políticas del Directorio Civil llevaron a la paulatina pérdida de apoyo de la dictadura por parte de grupos sociales que, en septiembre de 1923, se habían mostrado a favor del golpe de Estado. La jerarquía de la Iglesia católica y sus grupos políticos afines –catalanistas conservadores, amplios sectores de las clases altas urbanas y rurales, así como funcionarios y profesionales de clases medias– fueron abandonando al dictador.

La pérdida de apoyo social de la dictadura primorriverista es, claro está, una de las claves para entender la caída del marqués de Estella. Pero fueron las tensiones entre Primo de Rivera y Alfonso XIII, la pérdida de apoyo entre algunas secciones del Ejército, como sectores de Infantería, y la abierta oposición de otros, como el arma de Artillería en su conjunto, las que, en último término, obligaron a dimitir al dictador el 28 de enero de 1930.

Aun así, Primo pronto intentó retomar el poder y comenzó a organizar otro golpe de Estado, esta vez con abiertas connotaciones republicanas. Sin embargo, sus planes por volver a liderar el país fueron inmediatamente rechazados por sus antiguos colaboradores.

A principios de febrero, Primo, enfermo de diabetes y dolido por lo que consideraba una traición de sus compañeros de armas, se mudó a París. Allí moriría de una embolia el 16 de marzo de 1930.

Dos hombres vestidos de negro fotografiados en el exterior de una estación rodeados de alabarderos.

José Antonio y Miguel Primo de Rivera, hijos de Miguel Primo de Rivera, en la Estación del Norte a la espera de los restos mortales de su padre llegados desde París, en marzo de 1930.
Biblioteca Digital Hispánica / BNE, CC BY

El gobierno del general Dámaso Berenguer desmanteló rápidamente la dictadura primorriverista. Pese a ello, su legado en el ámbito ideológico y la continuidad en el personal político serían determinantes para todo el espectro de la extrema derecha durante la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura franquista.The Conversation

Alejandro Quiroga Fernández de Soto, Investigador Distinguido Beatriz Galindo, Universidad Complutense de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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