La Conferencia de Biodiversidad de la ONU, la COP25, concluyó a finales de diciembre en Montreal con un acuerdo histórico para proteger el 30% de las tierras, zonas costeras y aguas continentales del planeta para finales de la década. Pero ¿por qué son importantes los caracoles de concha cónica? Y ¿los osos polares? Y ¿las esponjas de mar? La ONU pone de relieve que el mundo natural nos ha regalado incalculables beneficios para la salud y la medicina, y probablemente alberga muchos más avances por descubrir. Sin embargo, corremos el riesgo de perder estos beneficios si seguimos degradando el medio ambiente.

Actualmente, un millón de especies están en peligro de extinción, y si las especies continúan perdiéndose de forma exponencial, las funciones de los ecosistemas, vitales para la salud humana y la vida, seguirán perturbadas. Los ecosistemas proveen bienes y servicios que sustentan toda la vida de este planeta, incluyendo la vida humana.

Aunque sabemos mucho sobre el funcionamiento de los ecosistemas, estos regularmente envuelven procesos complejos y son de una escala tan vasta que a la humanidad le resultaría imposible sustituirlos, no importa cuánto dinero se gaste en el proceso.

Un laboratorio viviente

La mayoría de las medicinas prescritas en los países industrializados proceden de compuestos naturales producidos por animales y plantas. Mil millones de personas en el mundo en desarrollo depende de plantas médicas tradicionales para la atención primaria de la salud.

Muchas curas de la naturaleza son familiares: los analgésicos como la morfina procedentes de las amapolas de opio, la quinina antipalúdica producida por la corteza del árbol cinchona de América del Sur o el antibiótico de la penicilina que generan unos hongos microscópicos, mientras los microbios descubiertos en el suelo de RapaNui (Isla de Pascua) combaten las enfermedades del corazón al reducir el colesterol.

Otros tratamientos, en cambio, no son tan conocidos por el público general, pero el AZT, por ejemplo, uno de los primeros medicamentos contra el VIH/SIDA, provino de una gran esponja de aguas poco profundas que vive en el Caribe, que resulta ser la misma esponja que produjo antivirales para tratar el herpes y sirve como fuente del primer medicamento contra el cáncer de origen marino autorizado en Estados Unidos.

Una reserva crucial para futuros tratamientos

Hasta la fecha, solo se han identificado alrededor de 1,9 millones de especies, de las que muchas apenas han sido estudiadas. Se cree que hay millones más que son completamente desconocidas. Todo lo vivo es el resultado de un complejo «laboratorio viviente» que ha estado realizando sus propias pruebas clínicas desde que comenzó la vida hace aproximadamente 3700 millones de años.

Esta biblioteca farmacéutica natural alberga innumerables curas por descubrir, si no las destruimos antes de que sean reconocidas. Consideremos el oso polar, ahora clasificado como especie amenazada de extinción. A medida que su hábitat ártico se derrite debido al cambio climático, el depredador terrestre más grande del mundo se ha convertido en un ícono de los peligros que plantea el aumento de las temperaturas en todo el mundo.

Pero también podrían ser un icono para la salud.

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