Ante el debate sobre cómo afrontar la crisis climática y cómo revertir la situación creada ahora por el agravamiento de la crisis ecológica mundial por culpa de la pandemia, está creciendo la idea de la necesidad de reinventar el capitalismo tal y como se ha conocido. En concreto se aboga por cuestionar hasta qué punto las empresas deben priorizar sus resultados financieros sin hacer frente a sus externalidades y por regular los mercados con instituciones transparentes.


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Isabela del Alcázar, IE University

El debate sobre cómo afrontar la crisis climática está sobre la mesa desde hace años. El Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés prevé un aumento de la temperatura global de 6,5 a 7 grados centígrados para el año 2100 si seguimos así como si nada estuviera pasando.

Noticias de este verano como los 5,5 millones de damnificados por inundaciones en Bangladesh, o las 1,3 millones de hectáreas de bosques quemados en California pasan ahora a un segundo plano por culpa de la pandemia de la COVID-19, pero ya desde hace años nos enfrentamos a una crisis ecológica mundial. ¿Cómo revertir esta situación?

Encontramos cuatro fuerzas, imperfectas y en tensión permanente, que deben trabajar de manera complementaria y equilibrada para garantizar la competitividad y la prosperidad en un país como España: el Estado, el sector privado, la sociedad civil y los mercados.

Instituciones políticas en riesgo reputacional

Vemos cómo las instituciones políticas están en riesgo reputacional en prácticamente todos los países; vivimos momentos de apatía política, frustración, y falta de confianza. Ya en marzo de 2019 el Eurobarómetro de la Comisión Europea recogía que más del 75 % de los españoles desconfiaba de los partidos políticos, el Parlamento y el Gobierno.

Los ciudadanos encuestados consideraban además que otro gran problema en España era la existencia de información que distorsionaba la realidad. En este momento no sabemos bien quién tenía más razón; si el sociólogo ruso Ostrogorsky afirmando que los partidos políticos eran dañinos para la sociedad y que lo mejor era eliminarlos, o si por el contrario son fruto de la modernidad y de la democracia como defendía el otro padre de la sociología política, Max Weber.

Fuera como fuese, lo cierto es que sería importante dejar de lado ideologías, y trabajar entre todos en restablecer la confianza en nuestros gobernantes y partidos políticos, ya que ellos pueden jugar un papel muy relevante en la transición hacia una economía descarbonizada que ayude a controlar el aumento de las temperaturas, introduciendo mecanismos de recompensa, apoyo o castigo; fijando tasas de emisión, subsidiando y financiando las mejores prácticas o introduciendo nuevos impuestos.

La Comisión Europea está ya en marcha con la revisión de impuestos a la energía (ETD) y la revisión de los mecanismos por los que se reparten techos nacionales de emisión (CBAM).

Mil empresas controlan el 70% del PIB mundial

Crece también el debate acerca la necesidad de “reinventar” el capitalismo tal y como lo conocemos. Ha sido un sistema que ha permitido a la humanidad alcanzar niveles de prosperidad sin precedentes, sin embargo, debemos cuestionar hasta qué punto las empresas deben priorizar sus resultados financieros sin hacer frente a sus externalidades. Se estima que tan solo mil empresas controlan el 70% del PIB del mundo, así que el sector privado tiene un rol muy relevante en esta transformación.

Tal y como señala la economista Rebecca Henderson, el capitalismo es fantástico, pero para que funcione bien, los mercados deben ser libres y justos y tiene que haber competencia de verdad. Si las industrias pueden emitir sin límites gases contaminantes y no pagar el coste que eso supone no estamos ante una situación de mercado libre competitivo con precios que reflejen el valor real de lo que se compra y se vende.

Todo ello además debería de estar regulado por instituciones transparentes, capaces y democráticamente responsables. La empresa privada podría ser clave para recuperar la confianza de nuestros gobiernos.

La sociedad civil podemos ser cada uno de nosotros

Por su lado, la sociedad civil, que es autónoma con relación al Estado, es el instrumento a través del cual se lucha por las desigualdades sociales y donde se representan intereses de clase muy divergentes. A través de estas estructuras, las ONGs, los grupos civiles y la prensa son susceptibles de hacerle contrapeso al gobierno y a las corporaciones privadas identificando y denunciando abusos del sistema. La sociedad civil podemos ser cada uno de nosotros y es una opción para dar voz a las injusticias que identificamos y por las que queremos luchar.

La sostenibilidad, como vemos, es un tema multidimensional que debe abordarse de forma coordinada y colaborativa por cada uno de estos actores. Tal y como ocurre en la naturaleza, los ecosistemas tienen que ser capaces de autorregularse y permanecer en equilibrio dinámico a lo largo del tiempo; de esta manera los predadores son a su vez presa de otros predadores. Se trata de un equilibrio siempre inestable y en constante evolución, que se desequilibra para volver a equilibrarse y que lo hace poniendo pequeñas victorias en cada lado de la balanza.The Conversation

Isabela del Alcázar, Global Head of Sustainability, IE University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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