[25 Julio de 2004. Extracto del relato de EL MUNDO sobre la travesía de los dos aviones que pretendía ejecutar el Golpe de Estado]

“A mediodía todo estaba dispuesto para partir. El avión -un bimotor con matrícula sudafricana ZSNBJ- aguardaba en posición de despegue en la cabecera de la pista Berriel del Real Aeroclub de Gran Canaria.[…] uno de los ocupantes de ese avión: Severo Moto […]

Pocas horas antes, otro avión -un viejo Boeing 727 reconvertido en un C-22B de carga- aterrizaba en la pista para vuelos militares del aeropuerto internacional de Harare (Zimbabue) con las luces exteriores y las de la cabina apagadas. […]

Desconfiados, los agentes revisan el interior y se encuentran con […] un pequeño ejército de 64 mercenarios de varias nacionalidades, pertenecientes a la empresa británica de seguridad Logo Logistics, uniformados y listos para entrar en combate, armados hasta los dientes y con las caras tiznadas de negro, contiene la respiración en las bodegas del aparato. […] el piloto dice que iban con destino a proteger una mina de diamantes de El Congo. Pero ya nadie le cree. La primera y principal parte del golpe de Estado para acabar con el régimen del sátrapa guineano ha sido abortada..

El avión de Severo Moto se ve obligado a regresar a Canarias tras un breve vuelo

Pide permiso para aterrizar en el aeropuerto canario de Gando. Obviamente, y por la improvisación de lo sucedido, lo hace sin plan de vuelo. El responsable de la torre de control informa de lo sucedido a las autoridades policiales del aeropuerto. […] El incidente se salda con un expediente y tripulación y pasajeros quedan en libertad.[…]

Obiang llevaba varios días preocupado. Sus oficiales de la marina le habían informado que dos barcos militares españoles, la fragata Canarias -uno de los juguetes favoritos de nuestra Armada- y el buque de aprovisionamiento Patiño, se habían «dejado ver» sin mucho disimulo en los últimos días cerca del límite de las aguas territoriales ecuatoguineanas. Y, curiosamente, ese mismo día recibieron orden de regresar a su base en el puerto de Rota. Era todo lo que Obiang necesitaba para acusar, como lo hizo públicamente al día siguiente, a los servicios secretos españoles, británicos y americanos de estar detrás de esta operación […] ”

[sigue en EL MUNDO de 2004]

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