Si se toma a diario, la pastilla PrEP (profilaxis previa a la exposición) previene la infección por VIH. La Organización Mundial de la Salud la recomendó en 2015, pero su adopción ha sido lenta en todo el mundo, en especial en los países sudamericanos y del Caribe. Pero ahora los médicos son optimistas y creen que podría ser clave para poner fin a la pandemia de VIH/sida en 2030. Y al igual la píldora anticonceptiva  separó el sexo de la procreación y dio a las mujeres más control sobre sus cuerpos, la PrEP está impulsando también una revolución sexual, especialmente entre miles de hombres homosexuales, bisexuales y personas trans.


Hace 13 años, en noviembre de 2010, un equipo internacional de científicos logró un gran avance en la lucha contra el sida: en un ensayo clínico realizado en Perú, Ecuador, Sudáfrica, Brasil, Tailandia y Estados Unidos, los investigadores demostraron por primera vez que las personas que tomaban todos los días una píldora que contenía dos medicamentos no contraían el VIH. Conocido como iPrEX, el estudio fue recibido con esperanza.

“Si bien se necesita más trabajo, este tipo de estudios podrían marcar el comienzo de una nueva era en la prevención del VIH”, señaló por entonces el presidente estadounidense Barack Obama. La revista Time, previendo su impacto futuro, la incluyó en el primero lugar en su lista de los diez avances médicos del año. Lo mismo hizo meses después la revista Science.

“Es la primera herramienta probada para la prevención del VIH desde el preservativo”, aseguró Myron S. Cohen, investigador de VIH/sida de la Universidad de Carolina del Norte y director de un estudio conocido como HPTN 052. “Creo que estamos en el comienzo del fin de la enfermedad”.

Desde entonces, los ensayos de validación que le siguieron -Partners PrEP, PROUD y IPERGAY- no hicieron más que corroborarlo: cuando se toman a diario por vía oral, las drogas antirretrovirales tenofovir y emtricitabina reducían entre un 92 % y un 99 % el riesgo de transmisión del virus,

Así como la píldora anticonceptiva en los últimos 60 años separó el sexo de la procreación y dio a las mujeres más control sobre sus cuerpos, la PrEP —como se conoce este tratamiento preventivo, abreviatura de profilaxis previa a la exposición— ha impulsado también una revolución sexual, especialmente entre miles de hombres homosexuales, bisexuales y personas trans.

Año tras año, el uso de esta pastilla ovalada de color azul se expande en todo el mundo. Pero no por igual: según se reveló en un simposio científico organizado por la Fundación Huésped en Buenos Aires, América Latina sigue muy relegada. Se estima que en la región hay 90 mil usuarios, 55 mil de ellos en Brasil, donde la implementación de la PrEP inició en 2018. En el Caribe, por su parte, se calcula que hay 15 mil personas en tratamiento.

“Es necesario acelerar su implementación en Argentina”, afirma a SINC el infectólogo José Barletta, médico del Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández y del Ministerio de Salud de la Nación. “Hay que educar a los prestadores de salud y hasta capacitar a muchos profesionales. Hay médicos que piensan que la PrEP no está en Argentina e incluso son reticentes a prescribirla o hacen juicios de valor sobre la sexualidad de sus pacientes”.

En este país, la primera implementación de centros piloto iba a comenzar en 2020 pero la pandemia de Covid-19 hizo que iniciara en 2021. Durante los primeros seis meses, 600 personas empezaron a tomar PrEP. En 2022, se aprobó la Ley Nacional de Respuesta Integral al VIH que oficializó la obligación de las empresas de medicina prepaga de garantizar el acceso a este tratamiento a todas las personas que la soliciten.

Según datos del Ministerio de Salud local, casi 3000 personas están actualmente tomando PrEP. La gran mayoría son hombres que tienen sexo con hombres y la edad media ronda los 32 años. La gran fragmentación del sistema de salud argentino no permite tener información en tiempo real de cuántos inician el tratamiento, por lo que los infectólogos creen que la cifra es aún mayor.

Adopción lenta pero auspiciosa

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA) calcula que hay 39 millones de personas que viven con VIH en todo el mundo. En 2022, se produjeron 1,3 millones de nuevas infecciones, en comparación con los 3,2 millones de 1995. A falta de una cura, la PrEP se ha consolidado como una de las herramientas clave para la meta de la organización de acabar con la pandemia para 2030.

Su historia es curiosa: financiados casi en su totalidad por fondos públicos, los medicamentos emtricitabina y tenofovir habían sido sintetizados en 2004 por la farmacéutica Gilead Sciences y venían siendo utilizados en combinación con otros antirretrovirales como tratamiento en personas que ya vivían con el virus. Por entonces, investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos hicieron un gran hallazgo: descubrieron que también evitaban que personas contrajeran el VIH.

Basándose en posteriores ensayos clínicos en humanos, Gilead obtuvo la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para comercializar el fármaco con el nombre de Truvada el 16 de julio de 2012. En 2019, se agregó Descovy. Y desde entonces han surgido varios genéricos que abarataron su costo.

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