El riesgo relativo de mortalidad con las temperaturas más frías ha disminuido un 2% anual desde 2003 en el Viejo Continente, mientras que en condiciones de calor extremo solo ha caído un 1% anual. Es la conclusión de un estudio que señala también que los días de frío extremo han disminuido en Europa, mientras los calurosos han aumentado ligeramente y que apunta que la protección y adaptación a los riesgos por las altas temperaturas ha sido secundaria en muchos países.


Un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación “la Caixa”, ha demostrado que Europa se ha adaptado mejor a las bajas temperaturas que a las altas en las dos últimas décadas.

La investigación, realizada en colaboración con el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) y publicada en The Lancet Planetary Health, muestra que en los últimos años ha habido una disminución significativa del riesgo de mortalidad relacionada con el frío, en comparación con la primera década de los años 2000.

Tras analizar los registros de temperatura y mortalidad de más de 800 regiones de 35 países europeos durante el período de 2003 a 2020, el equipo científico descubrió que el riesgo relativo de muerte en las temperaturas más bajas disminuyó en un 2% anual.

Por otro lado, durante este periodo también se ha producido una reducción del riesgo de muertes relacionadas con el calor, aunque en menor medida con una tasa media de descenso del 1 % anual.

Nuevo enfoque con perspectiva regional

Tradicionalmente, los estudios de este tipo se han basado en umbrales de temperatura fijos para calcular los riesgos, sin tener en cuenta que la vulnerabilidad ante unas mismas temperaturas no es igual en todas las regiones de Europa. Para superar esta limitación, el equipo desarrolló un nuevo concepto: la temperatura de riesgo extremo (ETR, por sus siglas en inglés). Al cruzar los datos regionales de temperatura y mortalidad, este nuevo enfoque permitió calcular la temperatura a la que el riesgo de muerte supera un determinado umbral para cada zona geográfica.

Utilizando esta metodología, el equipo observó que en el período 2003-2020 Europa experimentó 2,07 días menos de frío peligroso (días de frío-ERT) cada año. Por el contrario, los días de calor peligroso (días de calor-ERT) aumentaron en 0,28 días por año.

Las diferencias entre regiones

Curiosamente, no todas las partes de Europa se vieron afectadas de la misma manera. Por ejemplo, las regiones del sureste de Europa, a pesar de sus condiciones más cálidas, tuvieron más días peligrosos de calor y frío, que causaron un mayor riesgo de mortalidad asociada.

Esta disparidad se debe en parte a factores socioeconómicos, como un aislamiento inadecuado de las viviendas, un menor gasto en salud pública y un acceso limitado a la ayuda social para las poblaciones vulnerables.

La protección ante el calor es secundaria

“Nuestros resultados muestran que Europa ha realizado notables progresos en la adaptación al frío. Las estrategias para hacer frente a la mortalidad relacionada con el calor han sido menos eficaces”, explica Zhao-Yue Chen.

Una investigación de 2024 reveló que sólo 20 de los 38 países europeos han implantado sistemas de vigilancia de la temperatura, y 17 países aún no disponen de planes de acción calor-salud (HHAPs).

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“Pensamos que era el fin del mundo». Con esta cita como primera parte del titular y con motivo del 59 aniversario este 7 de abril, del incidente de Palomares, la cadena británica recupera el reportaje que hizo su corresponsal Chris Brasher dos años después del accidente con cuatro bombas de hidrógeno que golpeó la localidad almeriense. Explican los detalles del choque aéreo, de la devastación causada por las bombas, de la cabeza nuclear que permaneció 80 días desaparecida y de los intentos de los gobiernos de España y EEUU por minimizar el daño. Menciona incluso el famoso baño de altos funcionarios en Palomares para tranquilizar a la población, aunque subraya que casi 60 años después aún hay zonas contaminadas en la localidad que no se han limpiado.


La BBC resalta que el 7 de abril de 1966, los habitantes del remoto pueblo español de Palomares sintieron que «la era nuclear les había caído encima desde el cielo azul» cuando la cabeza nuclear con 100 veces la potencia de la bomba de Hiroshima que el Ejército de EEUU llevaba 80 días buscando desesperadamente apareció en la costa de la localidad. Resalta que no era el primer accidente de EEUU con armas nucleares, pero si el primer que tenía lugar en suelo foráneo, el primero en el que estaban involucrados civiles y que atrajo la atención del planeta. Recuerda los detalles del choque entre el bombardero B-52 y el avión de repostaje que provocó que cuatro bombas cayeran sobre la localidad de Palomares.

El reportaje enfatiza que las bombas de hidrógeno explotaron al tocar el suelo cerca del cementerio y causaron un cráter y la expansión de polvo de plutonio altamente tóxico y radioactivo en varias hectáreas a la redonda. Recoge los testimonios de algunos de los vecinos que describe la devastación y caos que también provocaron los restos de los aviones incendiados y la sensación de muchos que «pensaron que era el fin del mundo». Aunque subraya que «de forma milagrosa, ningún habitante de Palomares murió». Rememora también la búsqueda de la bomba que se perdió. el desembarco en la zona del ejercito estadounidense y como tanto el gobierno de Washington como el español «que entonces estaba bajo el brutal poder de Francisco Franco» intentaron minimizar el devastador accidentes.

La TV británica apunta que al dictador español le preocupaba especialmente que el miedo a la radiación pudiera dañar a la industria turística. Y menciona asimismo el baño en las aguas de Palomares que se dio el embajador de EEUU, Angier Biddel Duke, con Manuel Fraga para tranquilizar a la población. Y subraya que casi 60 años después, el incidente aún mantiene una larga sombra sobre la región de Almería, ya que las operaciones de limpieza de EEUU dejaron algunas áreas contaminadas en Palomares que han llegado hasta la actualidad, incluso a pesar de un acuerdo de colaboración firmado por España y EEUU en 2015 para limpiarlas que sigue sin haberse completado.

BBC, British Broadcast Corporation, es la radiotelevisión pública británica. Fundada en 1922 es el mayor consorcio de radiodifusión del planeta con unos 23.000 empleados y el paradigma de emisora pública. Es una empresa estatal pero independiente de controles comerciales y/o políticos y que ha hecho de la neutralidad su emblema. No tiene publicidad y se financia mediante un canon que paga cada propietario de televisor y la venta de algunos productos (programas, libros, revistas…) Cuenta con varios canales de TV y radio en Reino Unido y un Servicio Mundial que transmite en el resto del planeta en más de 30 idiomas, siendo BBC Mundo su canal para el mundo hispano. Se estima que tiene una audiencia global de 330 millones de hogares. Su website es uno de los más seguidos del mundo con 2 millones de páginas vistas cada día. Ha protagonizado numerosos enfrentamientos con el gobierno británico como en el transcurso de la guerra de Irak y también escándalos como el de los abusos sexuales de uno de sus presentadores estrella que obligó a alguno de sus directivos a dimitir.

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El discurso del odio impulsado por la ultraderecha global tiene en los migrantes uno de sus blancos predilectos. Se les acusa de ser responsable de todo tipo de males desde la falta de trabajo para los locales a traer enfermedades. Ante la proliferación de mensajes xenófobos y racistas como éstos, en The Conversation desmontan cuatro bulos sobre inmigración desde la epidemiología, desde que nos invaden, roban recursos o traen enfermedades hasta que Europa soporta el mayor peso.


JK21/Shutterstock 

Miriam Navarro Beltrá, Generalitat Valenciana y Susana Monge Corella, Instituto de Salud Carlos III

Asegurar la protección de los derechos humanos es hoy más necesario que nunca. En especial, la Asamblea General de las Naciones Unidas está preocupada por proteger plenamente los derechos humanos de todos los migrantes. Razones para la preocupación no le faltan, dada la proliferación de comentarios xenófobos y racistas. Hasta se ha llegado a acusar a las personas migrantes de traer enfermedades como el tifus.

Ante este tipo de comentarios carentes de rigor contra personas que han dejado atrás su hogar buscando un futuro mejor, no podemos sino posicionarnos como ciudadanos y como científicos. Como ciudadanos, nos mostramos perplejos e indignados. Como científicos, nuestro deber es ofrecer información veraz y libre de partidismos.

Por ello, desde el grupo de Vigilancia Epidemiológica de la Sociedad Española de Epidemiología hemos decidido desmentir, apoyados por estudios y datos rigurosos, cuatro de los bulos más recurrentes sobre la inmigración.

Bulo 1: los inmigrantes nos invaden

El ser humano ha migrado desde la prehistoria. Siempre ha habido personas que dejan sus hogares y sus países buscando mejores oportunidades económicas y vitales, o huyendo de la persecución política y los conflictos, como en el caso de los refugiados.

En un mundo globalizado en el que las poblaciones se mueven, deberíamos aprender a mirar al fenómeno migratorio como algo común y atemporal, y no como un acontecimiento dramático y puntual de nuestra época. En 2020, el número de migrantes internacionales se cifraba en 281 millones, un incremento importante respecto a los 150 millones estimados en el año 2000. Aun así, la proporción representada por los migrantes internacionales en la población mundial era solo de un 3,6 % en 2020, habiendo aumentado proporcionalmente menos que la población mundial.

Por otro lado, en los últimos años estamos observando un aumento de los movimientos poblacionales provocados por desastres naturales. Algunos de los efectos de la crisis climática –-cuya causa fundamental son los factores humanos, y no la naturaleza-– aparecen en forma de fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, sequías o huracanes. Estos eventos desembocan a su vez en escasez de agua, inseguridad alimentaria, hambrunas, epidemias y conflictos armados, entre otros. Tal es su impacto que, actualmente, podemos afirmar que el cambio climático es un motor más potente para las migraciones que todos los factores económicos y políticos juntos.

No olvidemos que las poblaciones que menos contribuyen al cambio climático son las que más están sufriendo sus consecuencias, lo que alimenta las inequidades y constituye un problema de justicia social global.

Bulo 2: Europa soporta el mayor peso de la inmigración

La gran mayoría de las personas que migran no cruzan fronteras internacionales, sino que permanecen dentro de sus países. La última estimación disponible es del año 2009, cuando se cifró en 740 millones el volumen de migrantes internos, tres veces y media más del número de migrantes internacionales estimados ese año (214 millones).

Las migraciones internas se producen, fundamentalmente, de zonas rurales a zonas urbanas, en gran parte motivadas por los cambios ambientales y en los sistemas de producción, acelerados por la crisis climática ya mencionada. En 2021, el 56 % de la población mundial vivía en ciudades, siendo la creciente urbanización uno de los grandes retos actuales. A ello hay que añadir los desplazados internos por situaciones de catástrofes, crisis o conflictos que, a finales de 2022, alcanzaron la cifra récord de 71,1 millones, fundamentalmente en África y Oriente Medio.

En cuanto a migraciones internacionales, Europa y Asia están más o menos al mismo nivel como receptores de inmigración. Estos dos continentes acogieron en 2022 alrededor de 87 millones de migrantes internacionales cada uno, pero el incremento más marcado entre 2000 y 2020 se registró en Asia, no en Europa.

Es más, en relación con el tamaño de la población de cada región, las proporciones más altas de migrantes internacionales en 2020 se observaron en Oceanía (22 %) y América del Norte (16 %), seguidas de Europa (12 %).

En enero de 2022, el 5,3 % de la población de los 27 países de la Unión Europea (UE) eran ciudadanos de fuera de la UE, lo que se incrementaría al 12,5 % si tenemos en cuenta los movimientos entre países de la UE.

Por último, no hay que olvidar que Europa es también emisora de migrantes: en 2021, los 2,9 millones de nuevos permisos de residencia en países de la UE contrastaban con los 2,3 millones de emigrantes registrados.

Bulo 3: los migrantes nos traen enfermedades

Nada más lejos de la realidad. Hace ya varias décadas se describió un fenómeno conocido como “efecto del migrante sano”. Este concepto, empleado en epidemiología y salud pública, se utiliza para describir que la población migrante, independientemente de su origen, tiene un nivel de salud mayor que el de la población autóctona tanto de su país de origen como del país de destino. Al fin y al cabo, se sabe que no emigra quien quiere sino quien puede, y el trayecto migratorio puede ser muy exigente, tanto física como económicamente.

Se ha observado, sin embargo, que la salud de los migrantes va empeorando conforme aumenta la estancia en el país de destino, debido sobre todo a las condiciones de vida, como hacinamiento, malnutrición, situación irregular que dificulta el contacto con los programas de salud pública y el acceso al sistema sanitario, entre otras. Estas condiciones impactan negativamente en su salud al aumentar su vulnerabilidad social y su susceptibilidad a enfermedades, tanto infecciosas como crónicas.

Si bien es cierto que algunos grupos de migrantes pueden provenir de zonas de alta prevalencia de enfermedades como el VIH o la tuberculosis, los estudios muestran que más de la mitad de los migrantes que viven con el VIH en España se infectaron aquí.

Por otro lado, las barreras de acceso al sistema sanitario hacen más difícil que los pacientes tengan un adecuado seguimiento médico de sus patologías, sufriendo interrupciones de tratamientos crónicos e incluso denegaciones de los mismos. En España, esto se hizo especialmente patente entre 2012 y 2018, años en que su sistema sanitario perdió la universalidad.

En cuanto a las enfermedades crónicas, un estudio de 2020 reveló que la prevalencia de estas era menor en las personas migrantes en situación irregular en comparación con las que se encontraban en situación regular y con la población autóctona. Estos resultados, al igual que el concepto del “migrante sano”, refutan las afirmaciones previas de que la carga de enfermedad en los migrantes es superior a la de la población nativa del país de destino.

Por el contrario, muchos migrantes pueden padecer enfermedades desatendidas. Son enfermedades infecciosas clásicamente presentes únicamente en zonas tropicales y asociadas a la pobreza. En líneas generales, no son transmisibles a la población autóctona de los países de destino, bien porque no se dan las condiciones ambientales adecuadas para que los ciclos de estas enfermedades se completen, bien porque las posibles vías de transmisión están reguladas, como es el caso de las transfusiones sanguíneas y los trasplantes de órganos.

Bulo 4: los migrantes nos roban los recursos

La evidencia científica muestra cómo los migrantes no sólo no utilizan más recursos sanitarios, sino que los usan mucho menos que la población autóctona. En cuanto a los inmigrantes en situación irregular, los más demonizados sobre el uso de recursos, se ha comprobado que, en condiciones de igualdad de acceso, la utilización de la asistencia sanitaria es mucho menor entre este grupo de migrantes que entre los nacionales españoles, y también inferior a la de los inmigrantes documentados, independientemente del país de origen o de la duración de la estancia en España. Lo mismo ocurre con el consumo de medicamentos.

Igualmente, la situación de irregularidad conlleva la ausencia de derecho a bajas laborales retribuidas u otros derechos sociales que sí tienen las personas trabajadoras en situación regular, con ahorros en impuestos que habitualmente no redundan en el empleado, sino en el empleador.

Por último, se puede afirmar que la migración constituye un factor de alivio de la crisis demográfica y que es beneficiosa para el mercado laboral. De ahí que desde la Oficina Regional Europea de la Organización Internacional de las Migraciones se haga un llamamiento a considerar la migración como una oportunidad, y no como un problema.

El ser humano siempre ha temido a lo desconocido. Conocer y tratar de entender lo extraño es la base para comenzar a aceptar aquello que nos resulta diferente. Recordar nuestro pasado también es un ejercicio saludable, ya que España ha sido, en muchos momentos de su historia, un país de emigrantes. En nuestras manos está combatir el odio y la falsedad con los datos y la evidencia científica.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.The Conversation


Miriam Navarro Beltrá, Médica epidemióloga, Centro de Salud Pública de Elche, Generalitat Valenciana y Susana Monge Corella, Científica Titular. Grupo de epidemiología y vigilancia de virus respiratorios. Centro Nacional de Epidemiología., Instituto de Salud Carlos III

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Se hizo conocida por una icónica imagen suya dentro de la bañera de Adolf Hitler, pero además siendo una de las únicas cuatro mujeres estadounidenses acreditadas como corresponsal de guerra oficial en la Segunda Guerra Mundial, Lee Miller tomó centenares de imágenes del conflicto con una mirada única que no se parecen en nada a las del resto de fotógrafos de la época. Su figura y su trabajo han vuelto a cobrar protagonismo gracias a la película de Kate Winslet sobre su vida. Pero en The Conversation resaltan además cómo fue capaz de retratar de forma única, nada convencional y recreándose en los pequeños detalles, el horror de los campos de concentración. En particular se destacan tres fotos suyas con las que fue capaz de dar testimonio de lo que fueron los campos de Buchenwald y Dachau.



Kate Winslet como Lee Miller en ‘Lee’.
IMDB

Ainara Miguel Sáez de Urabain, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Existen millones de fotografías de los campos de concentración tomadas por los liberadores. Algunas son muy famosas, como las de Georges Rodger en el campo de Bergen-Belsen o las de Margaret Bourke-White en Buchenwald. Pero las de Lee Miller en el mismo Buchenwald y en Dachau no se parecen a ninguna. Claro que tampoco ella se parecía al resto de corresponsales.

Miller nació en 1907 en Poughkeepsie, una pequeña ciudad del estado de Nueva York, y murió setenta años después, en una granja inglesa. Fue una mujer muy valiente y muy hermosa. Sus diferentes vidas –modelo en Nueva York, musa surrealista en París, fotógrafa de guerra…– se pueden contar a través de su mirada.

Con veinte años, sus enormes ojos azules iluminaban las páginas de la revista Vogue. Poco después, ya en el estudio parisino de Man Ray, de quien fue asistente de fotografía, musa y amante, la foto en blanco y negro de uno de ellos sirvió para convertir un vulgar metrónomo en una obra de arte surrealista, Objet indéstructible II. Sus ojos también aparecieron, cerrados, en Le sang d’un poète (1930), una película de Jean Cocteau en la que la bella rubia hacía de estatua y, abiertos, en varios cuadros de Picasso.

Pero pronto Miller se cansó de ser mirada y decidió abrir su propio estudio de fotografía en Manhattan, donde retrató a la alta sociedad neoyorquina hasta que se enamoró y siguió a Egipto al que sería su primer marido. Su segundo marido, el pintor y coleccionista Roland Penrose, era inglés, así que la Segunda Guerra Mundial la sorprendió en Europa. Su mirada surrealista registró entonces la devastación provocada por los bombardeos alemanes sobre Londres.

Después de aquello, partió al frente. Vogue, la misma revista que había sacado sus ojos en portada, publicaría a partir de entonces sus vistas del horror: Saint Malo, París, Buchenwald, Dachau… Este es el marco narrativo de la nueva película protagonizada por Kate Winslet, Lee, que retrata la vida de la artista como reportera de guerra.

Testimonio del horror

Las fotografías de guerra de Miller no se parecen a ningunas otras, son poco convencionales. En general, salvo cuando no tenía más remedio –como en los lager, los campos de exterminio–, sus imágenes evitan las peores escenas del conflicto, recreándose en los pequeños detalles cotidianos.

Sin embargo, las tres fotografías en las que nos centraremos en este artículo son algunas de sus imágenes más horribles. Son escenas espantosas, que causan una aversión intensa y profunda. Pero son también escenas soberbiamente compuestas, capaces, si no de comunicar el Holocausto, sí de sugerir el alcance de aquel horror. Fueron tomadas justo después de la liberación de los campos de concentración de Buchenwald y Dachau, en abril de 1945, y basta una ojeada para darse cuenta de que se trata de escenas inconcebibles, imposibles de asimilar completamente.

Las imágenes fueron publicadas en las ediciones británica y americana de Vogue, junto a fotos de moda y anuncios de maquillaje. El titular que acompañaba su historia sobre los campos de concentración –aparecido en el especial “Victoria” en junio de 1945– rezaba: “BELIEVE IT” (“CRÉELO”). Las fotos funcionaban, pues, como testimonio, como prueba para una población escéptica.

No obstante, el miedo a que el propio testimonio fuera juzgado como increíble no era infundado. De hecho, como escribió Hannah Arendt, los nazis “estaban totalmente convencidos de que una de las probabilidades de éxito de su empresa residía en el hecho de que nadie del exterior podría creérselo”. Para su desgracia, tenemos las fotos.

Imagen del reportaje de Lee Miller en _Vogue_ en junio de 1945.

Imagen del reportaje de Lee Miller en Vogue en junio de 1945.
Vogue

Tres fogonazos del horror

El relato de estas fotos comienza con la ausencia.

En “Piles of Clothes and Belongings Alongside Train” se ven montones de ropa y pertenencias junto al tren en un plano general que envuelve los objetos, los vagones y los árboles de Dachau. El encuadre de Miller deja al espectador fuera de la escena, en el camino, justo frente a la señal de aparcamiento y el árbol que, junto con el propio espectador y los demás árboles, son los únicos en vertical. El resto, las prendas, los cachivaches, están tirados en el suelo. El contraste entre su disposición horizontal y los árboles evoca el sosiego de un cementerio.

Casi podemos ver el silencio, porque esta no es solo la imagen de unos mugrientos harapos amontonados junto a un tren; es la imagen del vacío que dejaron sus dueños y de su implacable desnudez. La señal de tráfico, por su parte, indica que las expropiaciones se estaban haciendo ordenadamente, de forma sistemática y eficiente. Esto, unido al estatismo de la imagen, nos hace comprender que no estamos ante una instantánea sino ante el principio de un cuento largo y complejo.

El relato continúa con “Pile of corpses”, que muestra algunos de los cadáveres apilados en el patio del crematorio de Buchenwald por falta de carbón.

Miller estaba ante una escena desoladora y lo único que podía hacer era decidir cómo la contemplarían sus lectores. Cerró el encuadre, de manera que la pila de cadáveres pareciera no tener fin, y se acercó a los muertos. Esta cercanía no solo es física sino también emocional, crea un espacio íntimo y promueve la identificación del espectador. Porque todos esos rostros a los que vemos del revés, con los ojos cerrados y las bocas abiertas, con sus cabezas colocadas entre los pies descalzos de otros asesinados, no son marionetas, como pretendían los alemanes, sino personas marcadas como ganado.

El relato termina con “Guards captured wearing prisoners clothing for escape”. De repente, las tornas habían cambiado y los guardias de Dachau tuvieron que rebuscar entre los montones de ropa que invadían el campo, en un intento desesperado e inútil de hacerse pasar por prisioneros.

La imagen se trata de un plano medio de tres guardias. La misma escala, junto con el ligero contrapicado, ya nos dice bastante sobre la distancia que Miller guardaba con respecto a los alemanes. Sin embargo, ahí está el guardia central, la mirada directa, el gesto serio, la espalda encorvada… la imagen de un hombre vencido. Porque, igual que Miller era capaz de ver hombres allí donde los demás únicamente veían cadáveres demacrados, también es capaz de ver hombres incluso donde no hay más que asesinos desalmados.

Una mirada única

Evidentemente, estas imágenes no representan el Holocausto en su totalidad. No pueden hacerlo. Como todas, son imágenes precisas pero parciales, extremas pero incompletas. No obstante, Miller no cae en la tentación de disfrazar la atrocidad, la desnuda. Y sus imágenes son sublimes porque sobrepasan nuestras capacidades, exceden lo imaginable, desbordan los sentimientos, hacen el horror más horrible todavía.

Claro que Miller no fue la única que hizo fotografías durante la liberación de los campos, como se ha dicho, pero sus fotos son diferentes. La sensibilidad de su mirada le impedía ver en los campos historias de vencedores y vencidos. De ahí que la aportación más importante de este trabajo sea esta: quizá sólo una mirada surrealista pueda representar lo irrepresentable.The Conversation

Ainara Miguel Sáez de Urabain, Profesora de Comunicación Audiovisual, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Los padres españoles no dudan en dejar que sus hijos salgan hasta altas horas de la noche. Es lo que subraya el diario francés en un reportaje de su corresponsal en Madrid, Sandrine Morel, dentro de la sección «Darons d´ailleurs» en donde sus periodistas exploran como se lleva a cabo la paternidad y maternidad en otros países, en un momento en el que la serie de Netflix «Adolescencia» ha puesto a los jóvenes en el punto de mira global. Y en el caso de España se pone de relieve la libertad que tienen los adolescentes casi desde los 12 años para salir solos por calles y parques y para hacer botellón a partir de los 15.


Le Monde se pregunta si los padres de fuera de Francia son más de dar confianza a sus hijos, de dejarles hacer o de ponerles límites estrictos. Y detalla cómo un domingo a la 19h una niña de 12 años y tres amigos se pasean en grupo por el parque de Bravo Murillo en Madrid y ella explica que al tener colegio al día siguiente tiene que volver a casa a las 21h, pero los viernes y sábado puede volver a las 22h. Pero subraya que es habitual en España, especialmente tras la llegada del buen tiempo y los días con muchas horas de sol, que los barrios y calles de las ciudades sean tomados por «multitudes de chavales, apenas entrados en la adolescencia, hasta altas horas de la noche».

El reportaje describe como desde los 12 años es habitual que los jóvenes españoles se muevan con sus pandillas hasta las 22h o 23h o más tarde si es verano o son fiestas cuando pueden volver después de las 0h. Apunta que en estas primeras edades se pasean con cuches, van a las hamburgueserías o juegan en grupo con sus teléfonos al Brawl Star en los bancos. Y resalta que a partir de los 15 años es habitual que los jóvenes se reúnan para hacer botellón, que describe como la costumbre de sentarse en circulo en el sueño pasándose botellas de cerveza o de Coca Cola mezclada con vino y ya sin horarios.

Le Monde es un diario vespertino francés fundado en 1944 y considerado el periódico de referencia del país. Está editado por el Grupo Le Monde que tras dificultades económicas es controlado desde 2010 por los empresarios Pierre Bergé y Xavier Niel y el banquero Matthieu Pigasse. Prisa posee también un 15% del diario que además ha recibido subsidios estatales, en torno a 17 millones de euros en 2010. Su línea editorial está considerada como de centro o centro-izquierda. A principios de 2022 superó los 500.000 suscriptores, combinando papel y digital -ha alcanzado de hecho los 40.000 abonados on line- y vende además unos 30.000 ejemplares en kioskos en Francia y en el extranjero y su difusión en 2024 superaba los 507.000 ejemplares. Su website recibe más de 40 millones de visitas al mes y es el principal sitio de información en francés en Internet. En 2008, Le Monde fue condenado a pagar 300.000 euros de indemnización por haber publicado un artículo sobre prácticas dopantes en el FC Barcelona.

Sandrine Morel es corresponsal de Le Monde en España desde 2010. Anteriormente escribía para Le Nouvel Observateur y otros medios francófonos, como La Depeche du Midi o Les Nouvelles caledoniennes, y fue además redactora jefe de Le Courrier D´Espagne de 2007 a 2010. En 2019 recibió el Premio a la mejor corresponsal extanjera del CIP. Es además la autora de algunos artículos que han dado mucho que hablar como un perfil sobre Belén Esteban y sobre Emilio Silva, “el hombre que quiere acabar con Franco»,  junto con textos que resaltan el papel de la economía sumergida para evitar una revolución o las acusaciones de manipulación en TVE. Y en junio de 2018 publicó “En el huracán catalán”, un libro que ha tenido un gran eco, en el que detalla cómo ha vivido todo el proceso independentista en Cataluña y donde revela aspectos como el trato preferencial que dio a los corresponsales extranjeros la Generalitat o la sugerencia de que podían “influir” en sus artículos comprando  publicidad.

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Aunque ha pasado un tanto desapercibida en la prensa nacional, la ONU ha puesto de relieve la sentencia de un tribunal español que anuló una decisión de la DGT de limitar la renovación del carnet de conducir de una persona seropositiva solo por el hecho de serlo. Se apunta que no solo representa un logro significativo en la protección de los derechos de las personas que viven con el virus y sienta un importante precedente en España, sino que reconoce la posición activa de las entidades sociales, ya que la demandante fue una asociación que defiende los derechos humanos.


CESIDA, una organización que coordina la respuesta de la sociedad civil al VIH en España, y la Fundación Fernando Pombo han ganado una importante sentencia que, por primera vez, reconoce la discriminación basada en el estado serológico de una persona que vive con el VIH.

La relevancia de este caso radica en la frecuencia con la que se producen situaciones en las que las personas que viven con el VIH siguen enfrentándose a un estigma y una discriminación constantes a pesar de los avances en el tratamiento y la prevención del virus.

“Esta sentencia representa un logro significativo en la protección de los derechos de las personas que viven con el VIH contra la discriminación”, declaró Julia del Amo, directora de la División de Control del VIH, ITS, Hepatitis Virales y Tuberculosis del Ministerio de Sanidad.

“También supone un avance en el marco del Pacto Social para la No Discriminación y la Igualdad de Trato asociada con el VIH, así como de la Alianza mundial de acciones para eliminar todas las formas de estigma y discriminación relacionadas con el VIH”, continuó.

Demanda sin necesidad de visibilidad individual de la persona

El caso se dio después de que el 24 de octubre de 2022, la Dirección General de Tráfico (DGT) le informara a una persona seropositiva que la renovación de su permiso de conducir se reducía a la mitad de la duración habitual, cinco años en lugar de 10.

El único motivo aparente de esta decisión fue que la persona reveló su condición de seropositivo y su tratamiento durante el reconocimiento médico, a pesar de que esto no tenía ninguna repercusión en su capacidad para conducir.

En respuesta a la decisión de la DGT, la persona seropositiva autorizó a CESIDA a presentar un recurso administrativo. Esto fue posible gracias a la disposición del artículo 29 de la Ley 15/2022, que otorga legitimación activa a las entidades sociales bajo ciertos requisitos.

Tras escuchar las pruebas y los argumentos del equipo jurídico que representó a CESIDA, el Tribunal Administrativo falló a favor de CESIDA y anuló la decisión de la DGT por considerarla discriminatoria. Esta sentencia es una decisión pionera en España.

“La admisión de la demanda por CESIDA, sin necesidad de visibilidad individual de la persona con VIH, supone un avance clave en el planteamiento jurídico para evitar discriminaciones que, aunque no siempre visibles, son reales”, añadió Ana Higuera, directora de la Fundación Fernando Pombo.

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Los océanos absorben el 90% del exceso de calor acumulado en la atmósfera a causa del efecto invernadero y en las últimas décadas esto ha incrementado su temperatura media global y la frecuencia de episodios anormalmente cálidos, conocidos como olas de calor marinas. En The Conversation detallan en qué consiste el fenómeno, cómo se forman y el impacto que tienen estas olas de calor marina, desde la muerte de peces, aves y mamíferos a la alteración de los ecosistemas y también de la economía, seguridad costera y estabilidad climática.


David Soraci/Shutterstock
Paula Izquierdo Muruáis, Universidad de Oviedo y José Manuel Rico Ordás, Universidad de Oviedo

La playa de San Lorenzo de Gijón (Asturias) acoge todo el año a bañistas habituales que no perdonan su chapuzón matinal. Es común escucharles conversar sobre la temperatura del mar. Para regocijo de frioleros, parece haber consenso en que las aguas del Cantábrico son hoy más cálidas que hace una o dos décadas. Pero últimamente, más allá del calentamiento gradual que perciben los bañistas veteranos, cada vez son más frecuentes episodios de temperaturas inusualmente altas que son evidentes para cualquiera, auténticos picos de calor. “¿El agua a 20 ºC en octubre? Esto no ye normal…”. La pregunta es inevitable: ¿qué está pasando?

Los océanos funcionan como reguladores térmicos del planeta, absorbiendo la mayor parte del calor acumulado en la atmósfera a causa del efecto invernadero. En las últimas décadas, más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones humanas ha sido absorbido por los océanos, lo que ha incrementado su temperatura media global.

Este calentamiento ha aumentado notablemente la frecuencia de episodios de temperaturas anormalmente cálidas en los océanos, conocidos en el ámbito científico como olas de calor marinas. Para que un evento se clasifique como una ola de calor marina, la temperatura del agua debe superar el 90% de las temperaturas medias históricas en la región y mantenerse así al menos cinco días consecutivos. No se trata de simples días calurosos en el mar, sino de fenómenos extremos con impactos duraderos.

¿Cómo se forman las olas de calor marinas?

Las olas de calor marinas se originan a través de diversos procesos oceánicos que pueden actuar por separado o conjuntamente. Dos factores principales las desencadenan: la transferencia de calor desde la atmósfera a la superficie del océano y el transporte de aguas cálidas por corrientes oceánicas.

Además, existen patrones climáticos a gran escala que pueden favorecer su desarrollo al alterar la circulación atmosférica y oceánica. Un ejemplo es el fenómeno conocido como El Niño, que ocurre en el Pacífico ecuatorial oriental cuando los vientos alisios, que habitualmente soplan de este a oeste a lo largo del ecuador, se debilitan o se invierten. Esto permite que las aguas cálidas del Pacífico, normalmente confinadas en Indonesia y Australia, se desplacen hacia el este, calentando la superficie oceánica a gran escala y propiciando olas de calor marinas anormalmente extensas e intensas.

Si bien las olas de calor marinas son un fenómeno natural, el calentamiento global provocado por la actividad humana actúa amplificando los procesos que las generan y hace que se produzcan con mayor frecuencia, intensidad y duración. En los últimos 15 años se han registrado olas de calor marinas excepcionales en diversas regiones del planeta, causando impactos ecológicos, económicos y climáticos importantes.

Muerte de peces, aves y mamíferos

En 2011, la costa oeste australiana fue escenario del primer evento de agua anormalmente cálida acuñado como “ola de calor marina”, que provocó la mortalidad masiva de organismos como el pez luna colitruncado y la oreja de mar, causó un extenso blanqueamiento de corales y desplazó hacia el sur especies tropicales como el tiburón ballena y la mantarraya.

Un año más tarde, en 2012, una ola de calor marina en el Atlántico occidental adelantó la migración de langostas en EE. UU. y aumentó de manera significativa las capturas antes de la temporada, lo que saturó la demanda y desplomó los precios.

Entre 2013 y 2016, “the Blob”, la ola de calor marina más larga y extensa jamás registrada, se formó en el Pacífico noreste y causó la muerte de peces, aves y mamíferos marinos, alteró los patrones migratorios y reproductivos de multitud de especies y devastó importantes pesquerías como las del bacalao, la sardina y el salmón.

Entre 2017 y 2018, una extensa ola de calor marina envolvió Nueva Zelanda y provocó que áreas del sur previamente dominadas por bosques de algas del género Durvillaea fueran rápidamente colonizadas por la invasora Undaria pinnatifida, alterándose la comunidad marina local.

Olas de calor marinas en España

En las costas españolas, las olas de calor marinas también han aumentado considerablemente en frecuencia e intensidad en las últimas décadas. En el mar Cantábrico, el calentamiento oceánico ha sextuplicado su incidencia en los últimos 40 años, lo que se ha asociado con importantes retrocesos en la distribución de especies clave de algas formadoras de hábitat en la región.

En el Mediterráneo ya son fenómenos recurrentes: entre 2015 y 2019 causaron la mortalidad masiva de diversas especies. En 2022 se extendieron de manera casi continua de mayo a agosto en un evento sin precedentes. Y en 2024, el año más cálido registrado, casi toda la región experimentó al menos una ola de calor marina, con temperaturas que llegaron a estar hasta 5 °C por encima de la media en algunas zonas durante gran parte de julio y agosto. Estas temperaturas persistieron incluso en otoño, contribuyendo de manera decisiva al desarrollo de la devastadora DANA de Valencia el pasado mes de octubre.

Cómo reducir sus efectos

La diversidad y gravedad de los impactos de las olas de calor marinas trascienden la alteración de los ecosistemas y afectan la economía, la seguridad de las comunidades costeras y la estabilidad climática. Comprender cómo las comunidades marinas responden a estos eventos resulta imprescindible para diseñar estrategias efectivas de conservación y gestión medioambiental a nivel regional y global.

Para reducir los efectos de las olas de calor marinas es esencial, en primer lugar, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero además, es fundamental fortalecer la resiliencia de los ecosistemas marinos mediante la creación de reservas marinas, la restauración de hábitats degradados, la protección de especies clave y la aplicación de prácticas pesqueras sostenibles.

En el contexto actual, adoptar un enfoque coordinado se vuelve prioritario para afrontar los desafíos presentes y futuros de un planeta sometido a un cambio climático acelerado.


Este artículo es fruto de una colaboración con la Cátedra Cambio Climático de la Universidad de Oviedo.The Conversation


Paula Izquierdo Muruáis, Doctora en Biogeociencias, Universidad de Oviedo y José Manuel Rico Ordás, Catedrático de Ecología, codirector de la Cátedra de Cambio Climático, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Científicos suizos han desarrollado un dispositivo que consiste en una neuroprótesis implantada en la médula que puede conectarse con cualquier aparato robótico de rehabilitación, como exoesqueletos, y permite, según detallan en Sinc, recobrar el control de músculos que estaban paralizados a pacientes con lesiones medulares.


Un equipo de investigación dirigido por Grégoire Courtine y Jocelyne Bloch, de Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza, ha desarrollado un sistema que combina una neuroprótesis implantada en la médula con dispositivos robóticos para la rehabilitación para permitir el movimiento en personas con lesiones medulares.

Los resultados, publicados publican en la revista Science Robotics, demostraron que el nuevo sistema promovió la activación neuromuscular a cinco pacientes con parálisis parcial o completa tras una lesión medular y les permitió andar y pedalear.

Además, algunos participantes del estudio recuperaron el control de músculos que tenían paralizados incluso con la neuroprótesis apagada, lo que indica que el dispositivo favorece la recuperación neurológica tras esta rehabilitación.

Este mismo equipo investigador consiguió el año pasado que dos pacientes recuperasen el control de las piernas gracias a un método de estimulación profunda cerebral. Y en 2023, otro de sus pacientes volvió a caminar gracias a una interfaz activada por sus pensamientos.

Impulsos eléctricos sincronizados

El nuevo dispositivo implantado en la médula emite impulsos eléctricos para estimular los músculos de forma sincronizada con el dispositivo robótico de rehabilitación que se esté usando, como cintas de correr o bicicletas estáticas, lo que da lugar a una actividad muscular coordinada durante la terapia de rehabilitación.

Este sistema puede interconectarse con cualquier dispositivo robótico e incluye sensores de movimiento y fuerza y aplicaciones de software para controlar la estimulación eléctrica. Así, los participantes emparejaron un pulsador manual con exoesqueletos de asistencia, andadores y muletas para subir escaleras y caminar al aire libre sobre grava o nieve.

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La decisión del Rey Emérito de querellarse en Suiza por difamación contra su ex amante ha traspasado fronteras y es recogida por el diario conservador británico. Resalta que se trata del último capitulo de la pelea judicial entre ambos y que Juan Carlos I pide una indemnización y que Corina se retracte de sus afirmaciones sobre las donaciones millonarias que recibió el ex monarca. Enmarca esta demanda y también la presentada unos días antes contra Miguel Ángel Revilla dentro de un intento del Rey Emérito por restaurar su reputación de cara al 50º aniversario de su llegada al trono en noviembre de 1975. Aunque la demanda sirve para que The Times recuerde los escándalos de corrupción que le han salpicado, las demandas e investigaciones que ha tenido y que sigue exiliado y sin poder regresar definitivamente a España.


The Times resalta que el «exiliado y caído en desgracia» ex monarca español ha demandado a su ex amante Corinna Larsen por difamación «con la esperanza de lograr un compensación sustancial». Añade que el Emérito también reclama que Corinna se retracte de su afirmación de que los 65 millones de dólares que ingresó en su cuenta eran de una donación de Arabia Saudí y un regale para ella, cuando Juan Carlos asegura que lo hizo para proteger el dinero hasta que se lo volviera a pedir. Apunta que esta demanda del ex Rey de España ha sido presentada ante un tribunal suizo, pero es el último latigazo de una serie de batalles legales entre los dos ex amantes.

El artículo recuerda que Juan Carlos tuvo que abdicar en 2024 en favor de su hijo Felipe tras una serie de escándalos de corrupción y «ahora está intentando restablecer su reputación de cara al 50º aniversario de su ascenso al trono en noviembre». Pero repasa los detalles de la relación entre el ex monarca y Corinna, «románticamente relacionados» entre 2004 y 2012 y que se rompió definitivamente tras demandarle ella en Reino Unido en 2022 por acoso e intimidación con acusaciones sobre sus actividades financieras. Recoge que la justicia británica dictaminó en 2023 que no podía juzgar a Juan Carlos y que otras investigaciones abiertas en contra del ex monarca por fraude fiscal en España y blanqueo en Suiza, también han sido desestimadas.

Pero subraya que el Emérito sigue sin poder regresar a vivir a España tras su exilio en Abu Dhabi, por la oposición del gobierno de Pedro Sánchez «y presuntamente también de Felipe VI que ha intentado restaurar la posición de la monarquía». En este sentido cita que algunos medios españoles aseguran que Juan Carlos se queja de que la Zarzuela no ha hecho nada para defenderle y ayudarle a ser recordado solo por su papel en la Transición, trayendo de vuelta la democracia a España. Y en este intento por conseguir que la Historia le recuerde como él quiere, se enmarcan la demanda a Corina y también la presentada contra el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla.

The Times, diario fundado en 1785, es el decano de la prensa inglesa. Durante largo tiempo fue considerado el portavoz del establishment británico. Desde 1981 es propiedad de News Corp, el grupo de Rupert Murdoch. Desde entonces hay mayor presencia de temas deportivos y del corazón en sus páginas y su influencia se ha debilitado. Su línea editorial es conservadora, aunque en algunas citas electorales ha apoyado a candidatos laboristas o iniciativas como el matrimonio homosexual. Y pese a pertenecer al mismo grupo que el New of The World, no dudó en criticar al diario y a Murdoch por el escándalo de las escuchas telefónicas del tabloide que terminó con su desaparición en 2011. Su circulación en 2020 (desde entonces no la hacen pública) superaba los 365.000 ejemplares  y su versión dominical, The Sunday Times, los 647.000. Su edición on line es de pago.

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El espacio vive una época de «democratización» que ha traído el concepto de new space, la zona de baja órbita donde cada vez se colocan más satélites. Desde la constelación de Starlink de Elon Musk a otras dedicadas a telecomunicaciones, monitoreo global o investigación, el boom de este tipo de satélites tiene un lado oscuro que va desde obstaculizar la observación astronómica a aumentar el riesgo de colisión, pasando por el crecimiento de la basura espacial. En The Conversation detallan el impacto que tienen estos satélites de baja órbita, el daño que puede hacer la basura espacial y algunas posibles soluciones al problema.


Dabarti CGI/Shutterstock
Paula Lamo Anuarbe, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja ; Daniel Pérez Palau y Óscar Ledesma García, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La carrera espacial acapara titulares día tras día: China apunta a la Luna, Estados Unidos pretende colonizar Marte y Elon Musk propone desmantelar la Estación Espacial Internacional en dos años.

Mientras, Ucrania enfrenta presiones para llegar a un acuerdo sobre sus tierras raras, bajo la amenaza de que se interrumpa la cobertura de internet proporcionada por la constelación de satélites de Starlink.

Aunque esta última es la constelación más conocida, no es la única. La reducción de costes y los avances del new space –como se conoce este territorio espacial de baja órbita que donde cada vez se colocan más satélites– han favorecido la proliferación de pequeñas constelaciones dedicadas a telecomunicaciones, monitoreo global o investigación, entre otros. Su principal ventaja es ofrecer conectividad en zonas remotas y en situaciones de emergencia.



Objetos que orbitaban la Tierra el 22 de marzo de 2025.
Leolabs

Sin embargo, no todo es tan brillante como parece: estos despliegues representan un obstáculo para la observación astronómica, aumentan el riesgo de colisiones en el espacio y contribuyen al crecimiento de la basura espacial. ¿Realmente estamos ganando más de lo que estamos perdiendo?

La fiebre de los satélites en órbita baja

Solo el 20 % de la Tierra dispone de cobertura celular para móviles. No obstante, vivimos en una sociedad caracterizada por la hiperconectividad. Esto hace que la demanda de cobertura global continúe en constante aumento, especialmente en zonas remotas donde la infraestructura terrestre resulta inviable, como en los buques que navegan en aguas internacionales.



Comparativa entre el tamaño de un satélite tradicional (SWIFT, modelo obtenido de NASA E/PO, Sonoma State University/Aurore Simonnet) y un cubeSat (obtenido de FOSSA Systems).
Daniel Pérez Palau.

La democratización del espacio que ha traído el new space se fundamenta en la creación de satélites más pequeños, baratos y eficientes que los satélites tradicionales.

La miniaturización de los componentes que se necesitan para su fabricación y los recientes avances en propulsión y materiales han reducido los costes de los lanzamientos y esto ha permitido la entrada de empresas privadas en el sector espacial.

Las aplicaciones de estos nanodispositivos, conocidos como cubesats, son infinitas: monitorización de medio ambiente, seguimiento mundial de activos en logística, gestión de emergencias o la posibilidad de jugar en streaming al último videojuego de moda sin cortes desde el mismísimo Everest o la residencia de Mar-a-Lago del presidente de Estados Unidos.

¿Es un pájaro? ¿Es un avión?

Nunca llueve a gusto de todos. Por eso, los astrónomos están en pie de guerra contra estas constelaciones. Para ellos, que estos satélites proliferen en el espacio dificulta la investigación en áreas como astrofotografía, la observación de exoplanetas y la detección de asteroides. ¿Cuál es el problema?

Los satélites reflejan la luz solar, creando rastros brillantes que interfieren con las observaciones telescópicas. En estos campos, una pequeña interferencia puede arruinar décadas de trabajo científico.

El impacto en la defensa planetaria también es grande. En las últimas semanas hemos visto cómo distintas agencias espaciales señalaban el riesgo de colisión del asteroide YR4 hasta probabilidades no vistas hasta el momento. Detectar con tiempo suficiente estos objetos es imprescindible para poder tomar medidas, algo que no es tan sencillo en el espacio contaminado lumínicamente.

Cómo mitigar su impacto

Ya existen soluciones en el mercado que minimizan el brillo de los satélites para mejorar la observación astronómica, como recubrimientos especiales que reducen su reflejo. Pero no es suficiente y los puntos brillantes que proyectan pueden confundirse con una estrella (para un ojo no experto).

Al mismo tiempo, la tecnología de observación actual ha evolucionado con el apilamiento de imágenes y el uso de la inteligencia artificial para eliminar las huellas de los satélites. Esto es útil en algunos contextos (como la astrofotografía amateur), pero no es posible usarlo en estudios científicos, donde cada detalle es importante y cada traza de luz proporciona información vital que debe analizarse.

Los fragmentos de satélites contraatacan

La basura espacial es el otro gran desafío (y lo reconoce hasta lo ONU). Miles de satélites orbitan la Tierra, así que el riesgo de colisiones en el espacio aumenta. Cuando un satélite se destruye o colisiona, se generan fragmentos que permanecen en órbita y que, a su vez, aumentan la posibilidad de nuevas colisiones en lo que se conoce como el “efecto cascada” o “síndrome de Kessler” que se retrata en la película de Alfonso Cuarón Gravity.

Además, aunque muchos satélites están diseñados para reentrar en la atmósfera de manera controlada, no todos los fragmentos se queman completamente durante el proceso, lo que representa un riesgo para la seguridad de las personas en la Tierra.

Existen casos documentados de desechos espaciales que han caído sobre áreas habitadas, como un fragmento de satélite de la misión china Tiangong-1, en 2013.

Al mismo tiempo, ponen en peligro a satélites operativos, astronautas y misiones espaciales. En 2021, se detectó el riesgo de que los satélites de Starlink pudieran chocar contra la estación espacial china.

¿Tiene solución?

El crecimiento desmedido de satélites en órbita baja comienza a ser una preocupación por la acumulación de basura espacial. Para mitigar sus riesgos, se ha propuesto el “desorbitado activo”, que se refiere al uso de tecnologías que permitan capturarlos y retirarlos antes de que se conviertan en desechos espaciales. Los “remolcadores espaciales” se encargan de esta tarea usando pequeños cohetes que llevan los satélites fuera de órbita de manera controlada.



Evolución del número de objetos de fabricación humana en órbita terrestre.
Datos obtenidos de GCAT (J. McDowell)., CC BY

Otra medida es la regulación más estricta sobre la cantidad de satélites lanzados. Agencias como la Administración Federal de Aviación (FAA) y la Agencia Espacial Europea (ESA) están impulsando normativas que busquen controlar las órbitas de los satélites y evitar que más fragmentos sean liberados al espacio. Además, se promueve el desarrollo de dispositivos más pequeños y duraderos, que se desintegren completamente al reentrar en la atmósfera.

Son algunas de las propuestas, aún en fase incipiente de investigación. A pesar del indiscutible valor de la tecnología satelital, que ha transformado las telecomunicaciones y el monitoreo global, es necesario reconocer que su expansión descontrolada puede tener consecuencias graves.

Es imprescindible encontrar el equilibrio entre la innovación tecnológica y la preservación del espacio exterior para seguir disfrutando de los avances sin comprometer nuestro entorno ni la investigación científica.The Conversation

Paula Lamo Anuarbe, Investigadora en Internet de las Cosas, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja ; Daniel Pérez Palau, Lecturer y Óscar Ledesma García, Investigador IoT y NewSpace, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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