Juan Torres Lopez catedrático de Economía y miembro del consejo científico de ATTAC defiende en esta entrevista de radiocable.com que hay otra forma de salir de la crisis que seguir las recomendaciones del FMI y los mercados. Sobre el paro, cree que la solución no pasa por hacer una reforma laboral, ya que el empleo no se está destruyendo por la rigidez de los contratos o los salarios de los trabajadores sino por la falta de capital y de financiación en las empresas. «Hay que obligar a los bancos a reinyectar dinero en el sistema» explica y aboga para ello por la creación de una banca pública.

Juan Torres

Para Juan Torres, la reforma laboral que está a punto de ser aprobada no va a crear más empleo, ni busca resolver los problemas del empleo, sino dar más poder a los grandes empresarios y debilitar la negociación colectiva de los trabajadores. «El problema del desempleo no está solo en el marcado de trabajo, sino también en el mercado de bienes y servicios». Para crear empleo a las empresas les importa más tener crédito suficiente y poder vender lo que producen con garantías antes de que bajen los salarios o sea muy barato despedir.

La razón, según la teoría económica del movimiento alterglobalizador, por la que se destruye empleo es que las empresas no tienen crédito, ni financiación, ni venden lo que producen. El problema es que «los bancos por irresponsables, por dedicar el dinero de la gente a la especulación han hundido el sistema financiero».

La solución pasa por reestablecer los flujos de financiación y «como la banca privada no está por esa labor porque se dedica a especular, a financiar actividades improductivas y se lleva el dinero a paraísos fiscales, hay que contar con una banca pública urgentemente. Mientras no se abra el grifo del crédito, la economía no va a salir adelante».

Y en cuanto al modelo productivo basado en la construcción, Juan Torres considera que el cambio no puede hacerse de un día para otro e incluso sería difícil que España pudiera hacerlo en solitario «es una tarea que habría que abordar también en Europa donde en gran parte tienen el mismo problema». Defiende que habría que reorientar la lógica social para usar, vivir y consumir los recursos que se tienen cerca.

 

 

E. Robinson

Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de la sección Exterior del Washington Post.

 

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Eugene Robinson – Washington. El Almirante Thad Allen es experto en puestos desagradecidos. Después de que la respuesta inicial al huracán Katrina se hubiera visto frustrada, el Presidente Bush le encargó limpiar el desastre. Ahora el Presidente Obama le ha puesto a cargo de la gestión del peor vertido petrolero de la historia de la nación.

Oh, y el encargo se producía unas semanas antes de que Allen tuviera previsto jubilarse. El 25 de mayo terminaba su periplo como comandante de los guardacostas, pero sigue en activo y seguirá en el puesto mientras el presidente le necesite

El desastre de la Deepwater Horizon, decía Allen a un grupo de periodistas la pasada semana, no tiene precedentes. «Esto está más cerca del Apollo 13 que del Exxon Valdés», decía.

La boca del yacimiento, a 5.000 pies bajo la superficie del Golfo de México, sólo es accesible por medio de autómatas. Y el fallo catastrófico se registró en el dispositivo de seguridad contra fugas de la instalación, que en general, según Allen, «se consideraba un dispositivo a prueba de fallos». No existía ningún método de eficacia demostrada para cerrar una fuga a una profundidad tan grande, lo cual es el motivo de que haya tanta perplejidad, de que las soluciones intentadas hayan manifestado un rasgo tan improvisado, y de que la respuesta a las preguntas más básicas haya sido «no lo sabemos».

En calidad de encargado de incidentes a nivel nacional a cargo de la respuesta del gobierno federal al vertido, Allen tiene la última palabra en lo que sucede en cada uno de los tres escenarios de este conflicto: en el suelo marino, en alta mar y a lo largo de la costa. Durante una rueda de prensa de una hora de duración celebrada en la Casa Blanca, Allen tuvo que abandonar la estancia para hablar telefónicamente con la Contralmirante Mary Landry, su representante en funciones sobre el terreno, y con Tony Hayward, consejero delegado de BP, a medida que tomaban colectivamente la decisión de seguir adelante con la tentativa del método «top kill» para detener la fuga.

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Después de que Allen volviera, dos de sus ayudantes tecleaban como locos en sus BlackBerry y le daban actualizaciones periódicas: 10 minutos para iniciar el top kill. Faltan cinco minutos.

Allen decía que «puede ser o no una buena idea» que esencialmente todos los conocimientos y el equipo necesario para abordar un vertido petrolero en aguas profundas se encuentre en manos del sector privado, en este caso BP. Dentro del gobierno, decía, es posible establecer una «cadena de mando». Dentro de la actual estructura, en la que BP y otros contratistas privados juegan papeles tan cruciales, «la unidad de esfuerzos es lo mejor que podemos lograr».

El almirante reconocía que ha habido momentos de importante tensión. Describía una conferencia convocada días antes – entre funcionarios de BP, el Secretario de Interior Ken Salazar, el Secretario de Energías Steven Chu, Allen y otros – en torno a la idea del top kill. El riesgo claro del procedimiento residía en que inyectar el barro y los escombros en el yacimiento podría crear nuevas grietas que permitirían la fuga de una cantidad mucho mayor de petróleo. En un momento dado, alguien de BP mencionaba algunos datos que la compañía había obtenido relativos a la presión dentro del yacimiento. Allen afirmaba que Salazar detuvo indignado el debate y exigió que BP aportara cualquier información que se hubiera guardado. Resultó, según Allen, que BP ya había informado de los datos. Pero la tensión, y los nervios a flor de piel, eran evidentes.

«La tecnología de prospección en alta mar nos acaba de superar», decía Allen. La Deepwater Horizon ha sido un ejercicio desesperado de intentar ponernos al día.

Tratar de proteger las costas del Golfo, decía Allen, ha sido «una especie de línea Union en Gettysburg», esperando el momento, y la dirección, por la que llega el enemigo. Allen decía verse obligado a fijar prioridades. Por ejemplo, si dispone de las suficientes redes de contención para proteger una playa concreta o un pantano concreto, protegerá el pantano. Limpiar una playa que ha sido cubierta de crudo es difícil pero directo, decía. Limpiar un humedal, sin embargo, es casi imposible.

Allen no se mostraba nada convencido con la idea del Gobernador de Luisiana Bobby Jindal de crear una barrera de islas artificiales que pudiera proteger el litoral. El proyecto llevaría «de seis a nueve meses» decía, y podría no ser el mejor uso de los recursos disponibles. En los días posteriores a la rueda de prensa, sin embargo, la idea improvisada de Jindal ganó cierta fuerza con el jefe máximo — el Presidente Obama — y alguna construcción de islotes parece probable.

A pesar de todo, Allen se las arregla para parecer ajeno a las tensiones. Sabe, sin embargo, que trabaja dentro de un plazo rígido. El veterano de las tormentas Katrina y Rita sabe que la temporada de huracanes empieza esta semana — y con ella, la amenaza de nuevos horrores medioambientales.

Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
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Todos dicen que sí, aunque nadie sabe muy bien cuales son las razones por las que es tan necesaria.

Es necesaria nos dicen desde el FMI, desde el Financial Times, desde las Cámaras de comercio, desde la Patronal de empresarios, desde el PP, desde el gobierno…

Pero ¿va a terminar con la crisis? ¿va a reducir el paro?
No -responden.- Eso, quizá, vendrá después.

Entonces ¿a qué tanta urgencia?

Uno de los efectos más interesantes que ha provocado esta crisis es que nos ha convertido a todos los ciudadanos en pequeños economistas. Todos hablamos en términos económicos,  repitiendo los dogmas, dándolos por ciertos, sin saber muy bien de donde salieron. Yo confieso, ahora mismo, que soy incapaz de saber si de verdad es tan urgente reformar el mercado de trabajo.

Hace 5 años, de hecho, crecíamos a todo trapo y los empresarios contrataban a destajo, sin importarles mucho las supuestas limitaciones de nuestro inflexible régimen laboral.

«Si, pero el mercado de trabajo es el que recibe el peor impacto ante una crisis porque somos poco flexibles». ¿En serio?., Pues cualquiera diría que sale caro despedir. No hay más que mirar las cifras de paro.

El miércoles un empresario del sector automóvil dijo en el programa «Hoy» de Gabilondo (CNN+) que para contratar lo prioritario no es una reforma , que lo que se necesita es vender más. Uno contrata gente, no porque sea fácil despedirla, sino porque si aumentan las ventas necesita mas dependientes, o nuevos operarios para producir mas. Parece Naif tener que remarcarlo.
¿Queremos que acabe la crisis? Busquemos nuevos mercados a los que vender e inyectemos confianza para que la gente gaste: Inyectemos confianza en los empresarios sí, pero también en los trabajadores. ¿Una reforma laboral produce confianza en los trabajadores? Pues eso.

En España existe el Grupo de Supervivencia de España 2012 (GSE) que tiene proyectos para construir bunkers en la Sierra de Madrid, Granada o Aragón para protegerse del fin del mundo que han profetizado los Mayas para ese año o para cualquier emergencia nuclear o bacteriológica. Sus refugios permiten sobrevivir hasta 3 años y el grupo asegura en la BBC que no quiere especular, sino concienciar de la importancia de contar con planes de contingencia para catástrofes.

El GSE tiene 180 socios y pretenden que los bunkers sean algo generalizado en España y no sólo cosa de «ricos». Organizan cooperativas para financiar la construcción de los bunkers entre sus asociados. Asegurado  que además de la profecía maya, les preocupa que el nivel de seguridad en España no es muy alto para accidentes nucleares o ataques terroristas a gran escala.

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Por eso cuentan con modelos de refugios subterráneos o construidos como cuevas en las montañas al estilo de una casa Hobbit. De hecho uno de sus bunkers se llama precisamente como los personajes de El Señor de los anillos: Eco-hobbit. Está pensado para tres o cuatro personas, tiene 12 metros y un precio de 4.000 euros (que deja un precio aproximado de 1.000 euros por ocupante.

Han desarrollado también bunkers más grandes los «London Tube» a «imitación» del metro de la capital británica. Este modelo comunitario de 600m2 tendría cabida para 150 personas y la plaza individual saldría por unos 82o euros. El GSE tiene previsto empezar a construir un bunker de estas características en Aragón el proximo mes de septiembre.

Los refugios tienen una capa de 60 centímetros de hormigón y cuentan con filtros de partículas radiactivas para evitar filtraciones de vertidos tóxicos o fugas radiactivas o bacteriológicas. Disponen además generadores eléctricos que funcionan con diesel, sistemas de refrigeración y despensas para víveres, semillas y plantas. Calculan que los bunkers permiten sobrevivir hasta tres años.

 

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Jordi Jauma, periodista y editor de diarioresponsable.com es entrevistado en EL PAIS:

» Facebook es muy importante para mí. Refrenda mi visión de Internet: la forma de crear valor para ti es creárselo también a aquellos con los que realmente compartes ideas. Todo eso tiene un efecto boomerang: cuando apoyas a los otros, los otros te apoyan a ti si consideran tu causa justa. Se trata de escuchar, reconocer y compartir», opina Jaumà.

Fantástico!

Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha publicado un informe en el que denuncia diversos ataques que han sufrido periodistas que investigan e informan de la degradación ambiental, en especial de la deforestación o contaminación. En concreto documentan casos de reporteros amenazados, encarcelados o asesinados en países como Argentina, El Salvador, China, Vietnam y la India.

Deforestacion
(Foto: Flickr/Roly.franco)

El informe se titula «Investigaciones de alto riesgo: Deforestación y contaminaciones» [ver pdf]y se da a conocer en vísperas del Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra en todo el mundo el 5 de junio. Coincide también con uno de los mayores desastres ambientales de la historia provocado por el derrame de petroleo en el Golfo de México.

RSF asegura que los periodistas y blogueros que investigan a los responsables de dos calamidades como la destrucción de las selvas las y contaminaciones industriales están particularmente expuestos. Y detrás de las amenazas, siempre se ocultan empresas, mafias y funcionarios corrompidos por el dinero de las minas y la explotación forestal.

El último incidente registrado es de apenas dos semanas. Un militar indonesio le dió una paliza a un periodista en la provincia de Aceh por la publicación de un artículo sobre su implicación en un tráfico ilegal de madera y por consiguiente en la deforestación del país.

En Argentina, la ONG denuncia que varios reporteros han sido amenazados por cuestionar el  proyecto de una mina de cobre que pretende poner en marcha la compañía Agua Rica, propiedad de la multinacional canadiense Yamana Gold, en Andalgala, en la provincia de Catamarca. Y cita el caso de María Márquez, del programa radiofónico ‘La Perla’, que ha recibido amenazas de muerte por su postura contraria al proyecto.

En otro país latinoamericano, El Salvador, el caso fue aún más grave y desembocó en asesinato. Según RSF dos periodistas de Radio Victoria, Gustavo Marcelo Rivera y Ramiro Rivera Gómez, fueron asesinados por «los esbirros de un empresario local»
por su oposición a la explotación minera llevada a cabo por la empresa canadiense Pacific Rim.

El informe de Reporteros Sin Fronteras cita por su nombre a varias empresas implicadas directa o indirectamente en las presiones a periodistas: Aluminium Corp Of China, las canadienses Yamana Gold y Pacific Rim, China Mettalurgical Group de la minería, Shell, Addax o Synopec entre las petroleras, Sinar Mas, Riau Andalan Pulp and Paper del sector papelero y empresas francesas  como Bolloré o Areva.

 

Richard Cohen

Columnista en la página editorial del Washington Post desde 1984.

 

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Richard Cohen – Washington. Esta es una columna de buenas y malas noticias. La buena noticia es que la delincuencia vuelve a descender en todo el país — en las grandes ciudades, los municipios pequeños, los núcleos urbanos incipientes y las ciudades no aptas para asustadizos. Sorprendentemente, esto ha sucedido al borde de la Gran Recesión, lo que significa que todos aquellos desposeídos cuyos actos delictivos atribuir a la pobreza — mi opinión hace mucho — tienen una reevaluación titánica que hacer. Puede que, como los conservadores vienen insistiendo todo el tiempo, los actos delictivos sean cometidos por delincuentes. Para los izquierdistas, son noticias pésimas de verdad.

Las cifras son bastante alarmantes. Del año 2008 al 2009, los actos delictivos con violencia descendieron un 5,5% en total y casi el 7% en las grandes ciudades. Algunas de esas grandes ciudades están vinculadas a la delincuencia como el gin a la tónica o John McCain al oportunismo político. En Detroit, por ejemplo, con la industria automovilística despidiendo gente a mansalva, el delito con violencia descendió un 2,4%. En Washington D.C. la delincuencia descendió un 23,1%, las violaciones un 19,4% y los delitos contra la propiedad un 6%. Las estadísticas de corrupción política no se facilitan.

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Probablemente las cifras más sorprendentes son las llegadas de Phoenix, que pensaba hundirse en un mar de inmigrantes rapaces y supuestamente inmorales, ilegales todos ellos y a la espera de la caída de la noche y la oportunidad de un allanamiento de morada o un formidable robo. Por así decirlo, el registro de delitos se ha derrumbado virtualmente. Para sorpresa sin duda de los presentadores de la televisión, el delito con violencia descendió casi el 17%. Vuelve al 11.

¿Qué está pasando? Un gran número de cosas, dicen los expertos. Como es siempre el caso, la policía se echa flores por la magnífica labor policial, mientras otros citan el descenso en el consumo de crack. Esas respuestas, no obstante, sólo son satisfactorias en parte porque, créame, en el momento en que la delincuencia inicie su inevitable ascenso, las mismas autoridades policiales culparán a condiciones económicas o sociales más allá de su control — por no mencionar la inevitable falta de efectivos.

Cualquiera que sea el motivo, parece ya bastante claro que algo parecido a la cultura y no las condiciones económicas es el origen de la delincuencia. En general, la gente corriente no se ve envuelta en una vida de delitos por haber sido despedida o porque el valor de su vivienda sea inferior al de su hipoteca. Hacen algo diferente, pero al margen de lo que sea, en general no implica deshacerse de un cadáver. Una vez que esto se convierta en una verdad aceptada, los delincuentes perderán la posición que les resta como víctimas.

No es tan descabellado como pudiera parecer. Recuerdo que tras los disturbios de Watts de 1965 (34 muertos), alguien decidió que la turba sólo estaba saqueando las tiendas propiedad de avaros y tacaños. En otras palabras, los propietarios lo tenían merecido y los alborotadores, entiéndase los delincuentes, sólo estaban cogiendo lo que les pertenecía, a menudo en forma de equipo de televisión.

Así que dos años más tarde, nada más acabar los disturbios de Newark (26 muertos), llevé a cabo una encuesta independiente totalmente oficiosa entre los establecimientos saqueados. No detecté ningún patrón. Los propietarios generosos se vieron en la ruina. Gente honesta salió perdiendo. La turba no estaba administrando justicia. Estaba sacando cosas gratis.

La encuesta Watts tendía a apoyar el dogma progresista de que los delincuentes son como todo hijo de vecino, sólo que en situación más precaria. Probablemente el ejemplo definitivo de esto me fuera citado hace años por una mujer a la que le arrancaron un collar mientras caminaba por Manhattan. Mientras yo le ofrecía mis condolencias, ella decía del ladrón — no me lo estoy inventando — «probablemente lo necesite más que yo». Esto es culpa progresista en toda su gloria.

Una generosa dosis de legislaciones se basó en ese enfoque. Convertían a las víctimas en delincuentes y a los delincuentes en víctimas (toda riqueza procede del robo, etc.) — y al hacerlo, se insultaba a los pobres respetuosos con la ley que de alguna manera carecían del juicio para captar su histórica situación injusta. Esta ideología era ridiculizada por Stephen Sondheim en sus diálogos de la canción de «West Side Story» «Gee, Officer Krupke»: «Amabilísimo Sargento Krupke, tié que comprender, sólo es nuestro kelo lo que nos hace portal mal. Nuestras madres drogatas todas, nuestros padres todos borrachos. ¡Por Moisés, pos claro que somos tiraos!» En otras palabras, todos los miembros de la banda eran el producto inevitable de su entorno.

El sentido común te dice que el entorno tiene que desempeñar un papel y que los que están en una tesitura verdaderamente complicada a veces violan la ley – como el mísero Jean Valjean de Víctor Hugo, que robó pan para los hijos de su hermana. Pero las estadísticas de la delincuencia más recientes sugieren claramente que los malos tiempos no hacen por fuerza malas personas. El mal carácter sí.

Richard Cohen
© 2009, Washington Post Writers Group
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Sección en convenio con el Washington Post

Se dice que lo forma la oligarquía que controla el mundo global pero el club secreto más famoso del mundo se viene abajo. Se ha vuelto casposo. Ya no manda tanto.

Algunos invitados tratan de zafarse de las convocatorias, y cuando son preguntados afirman discretamente que el club Bilderberg está anticuado, incapaz de adecuarse a los nuevos tiempos, incapaz de entenderlos. El nuevo mundo, basado en el networking, en el openconcept, ha superado completamente a las viejas estructuras. Hoy es más importante tener una mala red abierta al mundo, que una excelente intranet.

Los poderosos lo son hoy y pueden dejar de serlo mañana. Por eso las nuevas fuentes de poder están en Davos y en otros foros. Exclusivos, sí, para poderosos, pero abiertos a las incorporaciones permanentes, a las influencias y al trabajo en red.

Hoy hasta el banco más importante del mundo está controlado en realidad por fondos de inversión. Las responsabilidades quedan diluidas, los controles y los mandos también.

El club es ya un refugio de otro tiempo, de otros modos. Se perpetua pero sus representantes -la mayor parte de industrias, banca y gobiernos- ya no son lo que fueron.

Joe Biden, el vicepresidente de los EEUU ha respaldado la actuación de Israel:

«Israel tiene el derecho absoluto de proteger sus intereses de seguridad».

Ha añadido, eso sí,  que el gobierno de Washington está preocupado por la situación de los ciudadanos palestinos.  Peculiar equilibrista de las palabras.

Sus declaraciones se producen justo después de que Israel libere de forma precipitada y sorprendente a todos los detenidos.

Uhmm, ¿entonces no iban armados? ¿no cometieron el delito ¿? que decía el gobierno Hebreo que habían cometido? ¿no procedían -según Israel- de organizaciones vinculadas a Hamás? Porque si han sido todos liberados, entonces ¿como se justifica la intervención armada y la matanza?.
Hablo, por supuesto, de forma incisiva, porque el resultado de la acción militar israelí resume perfectamente lo que ha sucedido.

Seguramente los EEUU habrán presionado para la liberación y seguramente han premiado el movimiento Hebreo con estas palabras de Biden. Eso no podemos saberlo a ciencia cierta, pero lo que si sabemos es que las palabras de Biden se producen a pocas horas de la reunión entre Barack Obama y Mahmud Abbas, el Presidente de la Autoridad Palestina.

Es curiosa esta faceta de equilibrios de la política norteamericana. No es capaz de condenar publicamente una acción tan evidente, por temor a ofender a quienes les apoyan. Realpolitik. Que palabra tan fea para los ciudadanos.

 

[pulsa en el altavoz para escuchar]

«Llegaron matando» ha dicho Manuel Tapial. El cooperante, que viajaba junto a Laura Arau en uno de los barcos asaltados por el ejército israelí, ha explicado a la Cadena Ser los detalles del abordaje de la armada israelí a la flotilla humanitaria:

«Eramos cerca 750 personas en ese barco, de organizaciones gubernamentales. En nuestro caso, la asociación que yo represento llevábamos libros para los niños de Gaza. Que  Israel nos acuse de habar atacado primero es una verguenza, una auténtica verguenza. Es que es imposible que nosotros pudiéramos atacar a tropas de élite que son las que nos atacaron a nosotros. Es más, antes de que descendiesen de los helicópteros, que creo que son las imágenes que se han difundido desde Israel, que creo que pegaban a un soldado que descendió desde un helicóptero …Antes de que ese hombre descendiera desde un helicóptero ya había tres muertos en el barco, entre dos y tres muertos, por disparos desde las zodiacs»

Según Tapial, en total «podrían estar hablando de entre 16 y 20 muertos y no de 9 como ha dicho la armada israelí».

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Grabación de Manuel Tapial antes del asalto

En esa misma línea se ha pronunciado también David Segarra, el otro español que viajaba en el barco.

«Nos encontrábamos en la sala de prensa cuando todas las comunicaciones desaparecieron. Nos imaginamos que fué un acto de guerra electrónica de la armada israelí  […] Empezaron los disparos indiscriminados con fuego real y con granadas de contusión y de sonido. Empezamos a ver como caían las primeras víctimas y ahí es cuando seguimos grabando y seguimos grabando y empezamos a ver víctimas y víctimas»

Tanto Manuel Tapial como David Segarra han asegurado que en los barcos no había armas:

«ante todo quiero desmentir esa acusación -ha dicho Segarra-. Las armas que ellos mismos han mostrado en televisión son palos de madera y cuchillos de cocina. Elementos que se encuentran en cualquier barco del mundo. Eso no es capaz de enfrentar a una unidad de élite armada hasta los dientes con todo tipo de medios militares».

El periodista ha añadido, además, que  en su barco llevaban «sillas de ruedas y material sanitario y educativo»

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